Halestorm – “Vicious” (2018)

Tras su alabado trabajo “Into the Wild Life”, los estadounidenses Halestorm, liderados por una de las mejores voces que ofrece el rock en estos tiempos, Lzzy Hale, nos presentan “Vicious”, cuarto álbum de esta prometedora agrupación y que se sujeta directamente de los bastiones que le han dado larga vida al hard rock, todo remarcado en un sonido duro y moderno. La producción de Nick Raskulinecz (Trivium, Ghost, Alice In Chains) le ha aportado nuevos matices a la, cada vez, más madura propuesta del grupo.

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The Struts- Young & Dangerous (2018)

A cuatro años de la publicación de su excelente debut “Everybody Wants” y que éste llamara la atención de los Rolling Stones, Guns N ‘Roses y Foo Fighters (Dave Grohl señaló en una entrevista que eran la mejor banda que los habían teloneado), ha llegado el momento de que The Struts se despida de ese éxito y madure su propuesta. En un año donde han aparecido interesantes lanzamientos de bandas jóvenes que debieran tomar la posta, los ingleses aterrizan con una nueva placa titulada “Young & Dangerous” la cual y desde el comienzo, define su manifiesto con un ritmo vibrante, con vivacidad vocal y coros que podrían cubrir todo un estadio.

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Voivod- The Wake (2018)

¿Habrá una banda más infravalorada que Voivod? No por llevar treinta y cinco años activos en la escena una banda logra distinguirse y, mucho menos, ser apreciada. Pero cuando hay oficio, aquella máxima que señala que hacer un disco que recoja lo mejor del estilo puede ser la llave que abra la puerta del respeto, cobra sentido. Sin embargo, el éxito masivo ha sido algo esquivo para esta banda, aunque el buen ritmo emanado de su placa 2018 se puede convertir en esa llave maestra. “The Wake” es una de las propuestas más robustas del año al desarrollar un estilo muy particular que solo perfecciona lo que han propuesto desde hace décadas; en un buen equilibrio de thrash con tintes psicodélicos, que de pronto despide un adecuado aroma a Pink Floyd, “The Wake” es un disco que suena al Voivod en estado puro y refresca lo asentado en “Target Earth”.

Los temas son más largos que en su anterior producción y nos energizan con secciones rápidas, texturas y riffs duros que traen al presente la oscura y valiosa época de “Angel Rat” o del inspirado “The Outer Limits”.

La atmósfera de “Obsolete Beings” es la mejor manera de entrar en el disco. Unos Voivod veloces y melodiosos, con una buena sucesión de riffs, obra de un estimulado Chewy. Inmediatamente nos sumergen en otro ruedo más experimental, con variaciones de ritmo y composición en “The End of Dormancy”, donde pasamos de la intensidad a la paz. Está muy bien estructurado.

Cambiando de registro, sube el ánimo con “Orb Confusion”. El trabajo de Away es estudiado y pulcro, no solo en este tema sino que en todo el álbum; es capaz de plasmar perfectamente el sonido más progresivo de los ‘70 y llevarlo al metal con mucho oficio, parecido a la atmósfera de “Iconspiracy”, la que inicia con agitado ritmo hasta que violines en el intermedio le dan paso al lucimiento de Snake en su estilo de canto; otro tema que tiene varios puntos altos.

Con “Spherical Perspective” nos aturde la onda tétrica y pesada del sonido que la soporta; nuevamente usan el efecto de cambiar de ritmo y acelerar en la parte central para despertar al metalero que busca guitarras rabiosas. La facilidad con la que trabajan varios estilos en una canción es sello de este disco y refuerza una identidad que no se pierde, a pesar del paso del tiempo. “Event Horizon” es otro título sobresaliente de este buen trabajo al ser muy directo y dar clase de una batería poderosa; sonará fenomenal en vivo. Sigue ese camino “Always Moving”, la que vuelve a combinar bastante bien las secciones lentas con las pesadas y también la imaginamos en un show, siendo un corte a puro mosh. El final es una rúbrica de doce minutos de delirio y que sintetiza el magnífico estado creativo del cuarteto de Canadá.

La portada es un llamativo rojo furioso que te señala confusión y caos, una invitación a sumergirte a todo aquello al darle play.En “The Wake”, la guitarra muestra una melodía más clásica de lo normal en Voivod, dejándole el trabajo armónico al bajo, mientras que Snake interpreta en excelente estado y sobresale de anteriores discos. Away le da la guía a cada canción y logra un desempeño de buenas proporciones. En general, el sonido de “The Wake” es limpio, rítmico y se pone encima los cimientos de casi cuarenta años de carrera, pero siendo al mismo tiempo un paso adelante que podría transformarse en un clásico de la banda. Este álbum se sale con la suya y encumbra el nombre de Voivod entre los mejores lanzamientos metal del año.

Disturbed: Evolution (2018)

Se acerca el momento de que el mundo escuche el que es, sin duda, el disco más atrevido de nuestras vidas. Llega la evolución…”. Así versa el comunicado de prensa con el cual Disturbed anunció el lanzamiento de su nueva placa titulada “Evolution”, la cual significó el retorno tras tres años de silencio creativo.

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Discomanía: Jinjer, “King of Everything”- Espíritu soul, poder extremo

La banda se presenta en Chile este próximo 30 de Noviembre

Durante los últimos años, son muchos los subgéneros musicales que se han ido desarrollando en base al sonido del metal; estilos como el matalcore, el deathcore o djent demuestran la constante evolución del sonido más extremo, lo cual no ha estado exento de críticas por parte de los fans más puristas. Si bien, la renovación y búsqueda de nuevas sonoridades es vital, se hace sumamente importante saber diferenciar a aquellas bandas que pasarán como un producto efímero y las que verdaderamente se esfuerzan por ir más allá y proponer algo más interesante.

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Greta Van Fleet- Anthem of the Peaceful Army (2018)

Soundgarden, Nirvana, Oasis, The Strokes y tantos más. Cada cierto tiempo, la industria musical se sacude el letargo señalando con el dedo a alguna banda que nos pueda devolver la magia de algo que suene parecido a las glorias fundadoras del rock. Greta Van Fleet está de turno. Los cuatro jóvenes de Michigan tienen la peculiaridad de verse y de sonar riesgosamente similares a Led Zeppelin y por esto mismo su ascenso ha sido meteórico, estando bajo la lupa de los rockeros desde su aparición en 2013.

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St. Vincent- “Masseduction” (2017)

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El 2014, la tejana lanzó unos de los mejores discos de ese año, el que incluso recibió el Grammy como Mejor Disco de Música Alternativa y que contenía temas esenciales para solidificar su propuesta; con esas credenciales, Annie Clark llegó a Lollapalooza 2015 convirtiéndose en uno de los números más aplaudidos, donde le bastó su guitarra y una sutil producción para hacer una clara demostración de capacidades. El disco “St. Vincent” estaba lleno de art-pop, de luces y energía perturbadoras, e instaló la necesidad de estar conectados con cuáles serían los siguientes pasos de la artista. Tres años fue tiempo suficiente para extrañar la genialidad de Annie y ahora, tras la liberación de “Masseduction”, el quinto disco de esta gran creadora contemporánea, se confirma una madurez estilística que se gana adeptos día a día, más aún cuando ha decidido poner el énfasis en su potencial como intérprete. A nivel de producción, los Sintetizadores y ritmos urbanos, mezclados con poderosas guitarras en algunos temas, piano en otro y un variopinto color sonoro, resumen bien este “Masseduction“.

Dentro de los 13 tracks, hay varios que sellan el hecho de estar frente a una artista que se gradúa de directora dentro de un género muy “mainstreamizado” y que peca de poca creatividad. “Sugarboy“ es absolutamente revolucionario en el estilo de la artista; la etapa electrónica del Bowie de los ’90 se adueña de los acordes, exponiendo una postura que deja de lado esa sensación de artista misteriosa y la lanza de lleno a cantar sobre temáticas actuales y que le perturban, como el poder, el sexo, los roles de género, drogas, frustración etc., y son estas sensaciones personales las que se adueñan del espíritu del álbum. La calidad de “Happy Birthday, Johnny”, la bella “Slow Disco”, el lado funky que reluce en “Masseduction”, el medio tiempo de “Savior” y la maestría de “New York” , la cual es una tremenda balada con base electrónica y arreglos de cuerdas que la transforman en una experiencia encantadora, engalanada por su impresionante video, el que enfatiza su tono crítico. En el mismo nivel, aparece “Los Ageless”, muy satírica en su letra, con ritmos electrónicos y un festín de colores y formas surrealistas en el video con el que fue acompañado. “Pills” y “Fear the Future” son otra manifestación de un pop renovado, con la varita mágica del rock-electrónico mezclado a la perfección y que nos hace olvidar a quienes se han postulado alguna vez al trono de la reina del pop. St. Vincent es quien mejor ejerce, por estos días, la renovación sonora del pop.

La portada es colorida, directa y conectada a la lírica del disco, sostenida por una coherencia tanto estética como la de crítica al culto a la imagen, algo que devela el sentir de Annie. Por este último detalle, este quinto disco de St. Vincent se presenta como el trabajo más personal de la artista, con 13 tracks que pintan de otro color su llamativo lienzo. A pesar de la gran cantidad de colaboradores que tuvo este trabajo se logra un sonido espectacular, explosivo, atravesado por una amplia exploración por los ritmos que conforman el pop, en todas sus variantes.

“Masseduction” sigue sonando a una St. Vincent que, más que nunca, es ella misma. En todas sus formas se respira su significado personal y la visión de su propia historia.


Macarena Polanco G.

Nickelback- “Feed The Machine” (2017)

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Anda con el cuero duro, las aguantan todas. Porque si hay un nombre en la escena rock que siempre está siendo blanco de críticas y de raros estudios que en nada ayudan a su popularidad, esta es Nickelback. Este 2017 decidieron alejarse de la polémica y editaron su noveno trabajo de estudio, con el que están haciendo noticia gracias a una propuesta basada en buenos riffs y las típicas baladas- sello de los canadienses.

“Feed The Machine” tiene mucho de la fórmula que utilizaron en los ‘90 y 2000 para alcanzar notoriedad y, sin ser completamente novedoso, se saca el polvo de encima y resurge de las dudas que dejan algunos temas. Fue escrito por Nickelback y coproducido con Chris Baseford (colaborador de Slash y Rob Zombie) y se inicia con el ritmo de “Feed The Machine” un tema desafiante y guitarras apresuradas. Tiene el tono agresivo y la estructura radiable de varios tracks ya escuchados en el exitoso “Silver Side Up”, por lo que los fans amarán este comienzo. “Coin for the Ferryman” sigue la misma línea poderosa y se encarga de hacer menear tu cabeza.

Luego, la parada obligada: la power ballad. “Song of fire” baja revoluciones y se encasilla bien dentro del tratamiento que la banda le ha dado a los temas más lentos. “Must be Nice” retoma la velocidad de la mano de un groove interesante y una batería rápida y muy protagónica; el coro es súper preciso y ayuda a la canción a no perder fuerza. “After the rain” es otra balada típica, pareciera que la hemos escuchado mil veces y pasa más inadvertida. “For the River” vuelve a tomar los riffs por asalto y muestra una estructura melódica parecida a lo que traía el “Dark Horse” (2008): inicio rápido, riff glam, fraseo entrecortado y súper pegajoso al oído. Y por esto mismo, de repetir una ecuación, te sorprendes de que sea disfrutable. “Home” y otra balada, de la cual rescatamos el coro y la voz impecable de Chad Kroeger, el cual se desempeña de excelente forma frente al micrófono. En la recta final del disco, no resulta tan beneficiosa para el análisis esta propuesta de intercalar baladas con temas rápidos, ya que los veloces tienen mejor producción, mientras que los lentos se quedaron atrás en novedad y pierden fuerza.

“The Betrayal Act III” es un track más complejo porque busca sonar diferente; finalmente, se acoge a una línea más metalera, al son del tambor de la batería que resuena con suma potencia. Tiene fuerza. Y el cierre es con “The Betrayal Act I”, el que brinda un deguste instrumental. Es un tema exploratorio, una cara distinta y acústica que busca dejar la sensación de que el álbum ofreció una variedad dentro de la clásica estructura de los canadienses.

Si lo comparamos con sus placas previas, “Feed The Machine” deja una huella más pesada y energética, pero si el objetivo era refrescar el sonido y acallar las críticas, esto se logra a medias. Si bien la voz sigue desplegando poder y los riffs desatan una buena dosis de vértigo, el aporte más novedoso vendría por el lado de la lírica, la que trata de inclinarse a la crítica social y a despertar la conciencia acerca de la politización de la sociedad, eso es lo que se podría señalar como novedad, porque así y todo, el disco brinda momentos desiguales.

Por Macarena Polanco G.