Greta Van Fleet- Anthem of the Peaceful Army (2018)

Soundgarden, Nirvana, Oasis, The Strokes y tantos más. Cada cierto tiempo, la industria musical se sacude el letargo señalando con el dedo a alguna banda que nos pueda devolver la magia de algo que suene parecido a las glorias fundadoras del rock. Greta Van Fleet está de turno. Los cuatro jóvenes de Michigan tienen la peculiaridad de verse y de sonar riesgosamente similares a Led Zeppelin y por esto mismo su ascenso ha sido meteórico, estando bajo la lupa de los rockeros desde su aparición en 2013.

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St. Vincent- “Masseduction” (2017)

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El 2014, la tejana lanzó unos de los mejores discos de ese año, el que incluso recibió el Grammy como Mejor Disco de Música Alternativa y que contenía temas esenciales para solidificar su propuesta; con esas credenciales, Annie Clark llegó a Lollapalooza 2015 convirtiéndose en uno de los números más aplaudidos, donde le bastó su guitarra y una sutil producción para hacer una clara demostración de capacidades. El disco “St. Vincent” estaba lleno de art-pop, de luces y energía perturbadoras, e instaló la necesidad de estar conectados con cuáles serían los siguientes pasos de la artista. Tres años fue tiempo suficiente para extrañar la genialidad de Annie y ahora, tras la liberación de “Masseduction”, el quinto disco de esta gran creadora contemporánea, se confirma una madurez estilística que se gana adeptos día a día, más aún cuando ha decidido poner el énfasis en su potencial como intérprete. A nivel de producción, los Sintetizadores y ritmos urbanos, mezclados con poderosas guitarras en algunos temas, piano en otro y un variopinto color sonoro, resumen bien este “Masseduction“.

Dentro de los 13 tracks, hay varios que sellan el hecho de estar frente a una artista que se gradúa de directora dentro de un género muy “mainstreamizado” y que peca de poca creatividad. “Sugarboy“ es absolutamente revolucionario en el estilo de la artista; la etapa electrónica del Bowie de los ’90 se adueña de los acordes, exponiendo una postura que deja de lado esa sensación de artista misteriosa y la lanza de lleno a cantar sobre temáticas actuales y que le perturban, como el poder, el sexo, los roles de género, drogas, frustración etc., y son estas sensaciones personales las que se adueñan del espíritu del álbum. La calidad de “Happy Birthday, Johnny”, la bella “Slow Disco”, el lado funky que reluce en “Masseduction”, el medio tiempo de “Savior” y la maestría de “New York” , la cual es una tremenda balada con base electrónica y arreglos de cuerdas que la transforman en una experiencia encantadora, engalanada por su impresionante video, el que enfatiza su tono crítico. En el mismo nivel, aparece “Los Ageless”, muy satírica en su letra, con ritmos electrónicos y un festín de colores y formas surrealistas en el video con el que fue acompañado. “Pills” y “Fear the Future” son otra manifestación de un pop renovado, con la varita mágica del rock-electrónico mezclado a la perfección y que nos hace olvidar a quienes se han postulado alguna vez al trono de la reina del pop. St. Vincent es quien mejor ejerce, por estos días, la renovación sonora del pop.

La portada es colorida, directa y conectada a la lírica del disco, sostenida por una coherencia tanto estética como la de crítica al culto a la imagen, algo que devela el sentir de Annie. Por este último detalle, este quinto disco de St. Vincent se presenta como el trabajo más personal de la artista, con 13 tracks que pintan de otro color su llamativo lienzo. A pesar de la gran cantidad de colaboradores que tuvo este trabajo se logra un sonido espectacular, explosivo, atravesado por una amplia exploración por los ritmos que conforman el pop, en todas sus variantes.

“Masseduction” sigue sonando a una St. Vincent que, más que nunca, es ella misma. En todas sus formas se respira su significado personal y la visión de su propia historia.


Macarena Polanco G.

Nickelback- “Feed The Machine” (2017)

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Anda con el cuero duro, las aguantan todas. Porque si hay un nombre en la escena rock que siempre está siendo blanco de críticas y de raros estudios que en nada ayudan a su popularidad, esta es Nickelback. Este 2017 decidieron alejarse de la polémica y editaron su noveno trabajo de estudio, con el que están haciendo noticia gracias a una propuesta basada en buenos riffs y las típicas baladas- sello de los canadienses.

“Feed The Machine” tiene mucho de la fórmula que utilizaron en los ‘90 y 2000 para alcanzar notoriedad y, sin ser completamente novedoso, se saca el polvo de encima y resurge de las dudas que dejan algunos temas. Fue escrito por Nickelback y coproducido con Chris Baseford (colaborador de Slash y Rob Zombie) y se inicia con el ritmo de “Feed The Machine” un tema desafiante y guitarras apresuradas. Tiene el tono agresivo y la estructura radiable de varios tracks ya escuchados en el exitoso “Silver Side Up”, por lo que los fans amarán este comienzo. “Coin for the Ferryman” sigue la misma línea poderosa y se encarga de hacer menear tu cabeza.

Luego, la parada obligada: la power ballad. “Song of fire” baja revoluciones y se encasilla bien dentro del tratamiento que la banda le ha dado a los temas más lentos. “Must be Nice” retoma la velocidad de la mano de un groove interesante y una batería rápida y muy protagónica; el coro es súper preciso y ayuda a la canción a no perder fuerza. “After the rain” es otra balada típica, pareciera que la hemos escuchado mil veces y pasa más inadvertida. “For the River” vuelve a tomar los riffs por asalto y muestra una estructura melódica parecida a lo que traía el “Dark Horse” (2008): inicio rápido, riff glam, fraseo entrecortado y súper pegajoso al oído. Y por esto mismo, de repetir una ecuación, te sorprendes de que sea disfrutable. “Home” y otra balada, de la cual rescatamos el coro y la voz impecable de Chad Kroeger, el cual se desempeña de excelente forma frente al micrófono. En la recta final del disco, no resulta tan beneficiosa para el análisis esta propuesta de intercalar baladas con temas rápidos, ya que los veloces tienen mejor producción, mientras que los lentos se quedaron atrás en novedad y pierden fuerza.

“The Betrayal Act III” es un track más complejo porque busca sonar diferente; finalmente, se acoge a una línea más metalera, al son del tambor de la batería que resuena con suma potencia. Tiene fuerza. Y el cierre es con “The Betrayal Act I”, el que brinda un deguste instrumental. Es un tema exploratorio, una cara distinta y acústica que busca dejar la sensación de que el álbum ofreció una variedad dentro de la clásica estructura de los canadienses.

Si lo comparamos con sus placas previas, “Feed The Machine” deja una huella más pesada y energética, pero si el objetivo era refrescar el sonido y acallar las críticas, esto se logra a medias. Si bien la voz sigue desplegando poder y los riffs desatan una buena dosis de vértigo, el aporte más novedoso vendría por el lado de la lírica, la que trata de inclinarse a la crítica social y a despertar la conciencia acerca de la politización de la sociedad, eso es lo que se podría señalar como novedad, porque así y todo, el disco brinda momentos desiguales.

Por Macarena Polanco G.

The Jesus And Mary Chain- Damage and Joy (2017)

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Lo primero que se viene a la cabeza, a la primera escucha de este disco, es que no parece que hayan pasado casi veinte años desde “Munki”, ese gran trabajo que nos dejaron los hermanos Reid antes de terminar acabados tras la gira de presentación.

“Damage & Joy” es su última producción, la cual podría haber sido publicada hace tiempo pues, de las 14 canciones, siete ya habían visto la luz a lo largo de estos años, lo que muchos han interpretado como pereza creativa. No es tan así. Los escoceses son dueños de un sonido que no ha podido ser calcado.

Si eres de los que prefiere la faceta más stoner de la banda, tienes cosas como la bien trabajada “Amputation” aunque, para abrir el disco, habríamos preferido algo más fiero; igualmente demuestran que están navegando hacia una sonoridad más estilizada. “Get On Home” deja ver suaves toques de electrónica, mientras que en “All Things Pass”, “The Two of Us”, una de las dos canciones en las que colabora Isobel Campbell, y “Presidici (Et Chapaquiditch)”, sale a relucir ese pop-noise que los ha hecho desmarcarse del resto.

Recuperan “Facing up to the facts”, tema que se acerca a la corriente más ruidosa de la banda. “War On Peace” suena oscura y al final remonta, mientras que “Simian Split” trae ritmos fracturados que nos traen a la memoria lo mejor del “Honey’s Dead”. “Always Sad” es más acogedora, con ciertos matices pop y acompañamiento femenino en la voz, apoyada de principio a fin por la guitarra de William Reid. Suena como todo un hit.

Las baladas sucias han sido la especialidad de los escoceses y en este disco hay un par más que buenas. Para empezar, en “Song for a Secret” encontramos la voz de Isobel Campbell y en “Black and Blues” entregan una de las mejores canciones del disco, gracias al aporte de Sky Ferreira.

No podemos decir que es un regreso por lo alto, pero sí existe una equilibrada síntesis entre su sonido más agresivo y su etapa de pop más dulce, por eso, no es completamente justa la crítica de que tanta espera no ha valido la pena. Puede que “Damaged & Joy” sea una colección de canciones que son como un puzzle y que sólo cobraron forma, como disco, por la insistencia del entorno, pero también ha sido reconfortante saber que los hermanos han vuelto al estudio con un resumen de una consagrada carrera.

Por Macarena Polanco G.

Depeche Mode- “Spirit” (2017)

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Qué ganas de escuchar un buen disco de Depeche Mode, de esos buenos de principio a fin, donde corre sangre en cada nota, o donde las melodías cuajan tan bien que hacen delirar estadios completos sin dificultad. Como todo eso que tocan cuando se presentan en vivo, y hacen que todo se venga abajo desde el minuto cero. Qué ganas de que sus últimas placas sean más que esporádicos o acotados buenos momentos. Como siempre, el tiempo es el que juzgará si un disco es trascendente o no, si se vuelve querible por los fanáticos y los que no lo son tanto. Pero Spirit, el nuevo álbum de Martin Gore y compañía, está lejos de ser un disco que encandile en las primeras oídas.

‘Going Backwards’ y ‘Where’s the Revolution’ son realmente grandes canciones, son las que constituyen el acotado buen momento que nos brinda el disco. Son las llamadas a hacernos saber que Depeche Mode aún es una banda viva y capaz de alcanzar la brillantez en una canción. Muestran, además, que ni siquiera los de Essex han sido capaces de obviar el complejo momento político y social que pasan hoy los países desarrollados. “Where’s the revolution, come on people, you’re letting me down” vocifera Dave Gahan, desafiante. “We’re going backwards, turning back our history”, señala antes, con la vergüenza y desengaño de quien creía ser parte de una sociedad civilizada y de constante progreso, y que hoy constantemente da señales de que todo pareciese “ir hacia atrás”.

Luego de eso, no hay mucho más, y el disco comienza a desinflarse poco a poco. ‘The Worst Crime’ logra convencer, y ‘So Much Love’ nos hace retomar la atención hacia el final, pero ya a la altura de ‘You Move’ y ‘Cover Me’, es necesario hacer un esfuerzo consciente para seguir avanzando en el disco. Aún es muy pronto para juzgar a Spirit de forma más taxativa, pero si hubiera que apostar, difícilmente el tiempo lo va a tratar mejor, tal como ha ocurrido con sus predecesores Sounds of the Universe (2009) y Delta Machine (2013). Ni siquiera el cambio de productor- la entrada de James Ford generaba expectativas- pudo reconducir el proceso creativo de la banda hacia un rumbo distinto.

Pese a todo lo dicho, uno se mantiene expectante. Algo difícil de explicar hay en el sonido de Spirit y los otros últimos discos, que nos hace mantener la fe en Depeche Mode. Puede ser la química entre sus integrantes, el talento que despliegan 3 o 4 canciones por disco, o la forma en que Gahan, Gore y Fletcher siguen interpretando cada canción, aunque no sea tan buena. Algo hay en Spirit que nos dice: manténganse atentos, en cualquier momento puede venir el batatazo.

Por Felipe Godoy Ossa

DeWolff – “Roux-Ga-Roux” (2016)

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Curiosa época para revivir uno de los géneros más ricos del rock y, a la vez, uno de los más ignorados. La sicodelia, esa revolución inconclusa que parió la costa oeste de EE.UU. a mediados de los 60 y que no tardó en infectar a los ingleses -desde The Beatles hasta Cream-, hace ya unos años ha tenido un poderoso y variopinto revival, cuyo sonido lleva cultivándose por 40 años para cosechar joyas modernas como lo último de los oriundos de Galeen.

DeWolff, aunque desconocidos en esta parte del planeta, es un trío con etiqueta retro que forma parte activa de esta nueva generación que tomó la posta de la vieja sicodelia, con esa energía sonora que logra expandir los oídos gracias a la cadencia alucinante de la que sufre, cargada de humo y de momentos de claridad. En este, su quinto largaduración y según lo leído, el definitivo en cuanto a su cohesión como banda, logran consolidar su propuesta en el universo de la neo-sicodelia, recuperando la esencia de su pasado sonoro y plasmándola con fidelidad y carácter en once canciones que desarrollan varios conceptos e introducen variaciones ilimitadas.

Por eso, no es raro que Roux-Ga-Roux sea de esos discos que regresan (y te transporten) mágicamente a la época de The Doors y The Allman Brothers Band, en un viaje entre el rock sicodélico y una reinvención del blues de raíces sureñas norteamericanas, sacudiendo de paso las revoluciones del garaje e innovando, incluso, con algo de soul.

Lo que consiguen los holandeses con este nuevo trabajo es una categórica versatilidad con canciones repletas de matices y colores, donde las guitarras de Pablo Van de Poel surcan caminos infinitos mientras la batería de su hermano Luka marca los tiempos con una diversidad pasmosa, todo ello mientras el Hammond de Robin Pisón introduce geniales sonidos, diseñando pasajes sugestivos y lisérgicos, sumergiendo al oyente en un estado de catarsis embriagadora de la que es difícil sustraerse. Fe de ello lo demuestran temas como ‘Black Cat Woman’, ‘Sugar Moon’, ‘Love Dimension’ y ‘Baby’s Got A Temper’. Así como esas otras canciones que dilatan el tiempo gracias a la experimentación e improvisación, tipo jam sesión, como ‘What’s The Measure Of A Man’ y ‘Tired Of Loving You’. Todas, marcando a pulso su identidad.

Estas premisas con las que DeWolff forjan su personalidad se hacen coherentes a la hora de escuchar y re-escuchar este disco. La capacidad de asombro causada por el descubrimiento del sentir del blues y darle oportunidad a la sicodelia musical, hacen recuperar la fe de que estos reavivamientos de épocas pasadas no necesariamente tienen que significar innovación (dejemos de pensar que todas las bandas nuevas tienen que “inventar la pólvora”) ni menos sustracción (si asombra, captura y compenetra, imposible que sea sólo una “mala copia de”). Pensar eso es tan ingenuo como nuestras vidas y tan peligroso como nuestras drogas.

Por César Tudela B.

Ghost- “Meliora” (2015)

MelioraDos años antes de su debut esta banda estuvo planificando su proyecto, de cómo se plantearían sobre el escenario, de sobre qué abordarían sus letras y de cómo quisieron ser una de las nuevas bandas horror shock de la historia. Mucho después de eso han conseguido ser uno de los shows más llamativos del planeta y no sólo eso, han dado en el clavo musicalmente quizá más que nunca con su tercer larga duración: “Meliora”.

Con Papa Emeritus II ‘despedido’, asumiendo la tutela ‘su hermano menor por tres meses’, el Papa Emeritus III es la novedad con que Ghost afrontaba su tercer disco, un disco rico en contenido, variado y muy entretenido a decir verdad. Por otro lado se convierte en uno de los más pesados de la banda, con mucho riff incitador al headbanging, pero sin dejar la esencia pop que de alguna manera es algo que llama bastante la atención en la propuesta: suenan doom, muy siniestros, pero ese lado ‘pop de la fuerza’ no lo dejan de lado, sin ir más allá la banda ha cubierto canciones de Depeche Mode y Abba en registros anteriores, algo que habla de sus influencias que no van sólo por una vereda musical.

Los primeros tracks son potentes y enganchan de inmediato en lo que nos ofrece ‘Meliora’, la tétrica entrada de ‘Spirit’ y esa marcha contundente inspiración Maidenesca con mucho prog rock es un acierto, las sorprendentes líneas de bajo de ‘From the Pinnacle to the Pit’ más esos tremendos recursos de guitarras que crecen más y más junto a melodías totalmente coreables, es otro dardo certero, y la misa fúnebre de ‘Cirice’ ya nos dice que en este disco tendremos variedad y ganas de reinvención por sobre todas las cosas.

Bellos arpegios como en ‘He Is’ también aguardan, una bella interpretación del nuevo Papa en cuestión que se luce en un momento brillante del disco, mostrando cuán bien se puede manejar la banda, en un tema adorador de un ídolo oscuramente iluminado. ‘Mummy Dust’ riffea a todo poder mientras los teclados progresivos la inundan de grandilocuencia con un speed magistral. ‘Majesty’ nos parece dejar escuchando una versión ultra siniestra de cualquier tema de AC/DC sacado del ‘Highway to Hell’.

Queda claro que la banda se preocupó de sacar lo mejor de sus composiciones para esta placa, no hay canción ‘floja’, todas tiene su razón de ser. ‘ Absolution’ y ‘Deus in Absentia’ quedan para el final hablando de apocalípsis y oscuridad en un disco que parece estar más que nunca teniendo una búsqueda más allá de lo que han hecho en sus anteriores placas, pero conservando la identidad doom que se les conoce, lo que logra claramente evolucionar su sonido sigilosamente, tomando una distancia bastante notable a la de sus anteriores entregas y dejando claro que los suecos dicen totalmente presente en el espectro de bandas heavy de la actualidad.

“Meliora”, completo:

Por Patricio Avendaño R.