Disco Inmortal: Los Jaivas – Alturas de Macchu Picchu (1981)

Disco Inmortal: Los Jaivas – Alturas de Macchu Picchu (1981)

SYM Chile, 1981

Alturas de Macchu Picchu es la graduación Nobel de Los Jaivas que, cumpliendo mayoría de edad como banda, componen en 3 meses quizás el mejor disco chileno de rock de todos los tiempos.

I Del dicho al hecho

No fue idea de Los Jaivas, ni tampoco se pensó inicialmente un disco completo compuesto por ellos. Fue una idea del productor peruano Daniel Camino, que le propuso a la banda participar de un gran proyecto, involucrando a varios artistas latinoamericanos para interpretar musicalmente a Neruda y crear una obra que representara lo sudamericano, grabando las piezas audiovisuales en la ciudad inca y con la conducción de Mario Vargas Llosa.

Finalmente el homenaje al poeta, dado los avances y calidad de la banda chilena, fue grabado en plenitud por Los Jaivas en estudios de Francia y Alemania con Gabriel, Eduardo y Claudio Parra, Mario Mutis, Eduardo Alquinta y los invitados Alberto Ledo, que aportó en el primer tema del disco, y Patricio Castillo, con la tarka en “La poderosa muerte” y quena en “Águila sideral”.

Desde el “sí” de Los Jaivas a Camino para realizar la obra hasta la edición final en las cumbres de Macchu Picchu, pasaron 9 meses, como si la obra fuera fruto de un amor rotundo, mágico, entre la banda, el paisaje, lo escrito y la producción. Luego todo se dio como tenía que ser, Vargas Llosa presentó y la televisión peruana se unió con la chilena para transmitir esta obra hacia el corazón de ambos pueblos.

La obra final establece entonces una relación indisoluble entre Chile, Perú, Latinoamérica y la banda.

II El disco.

En 1981, fecha de grabación del disco, Los Jaivas ya eran una banda mayor de edad, habían cumplido 18 años de historia y esa madurez se hizo notar. Luego de una etapa de forajida creatividad entraron a cosechar lo aprendido: encontrarse a sí mismos en un sonido propio, que fusionó la esencia de las raíces latinoamericanas con un rock progresivo, docto, mágico.

23 instrumentos fueron utilizados en este disco: eléctricos, clásicos, de viento, de cuerda y tradicionales; y prácticamente todo el poema “Alturas de Macchu Picchu”. Pero eso queda como elemento secundario frente al desafío más importante: interpretar uno de los poemas que le otorgaron el Premio Nobel a Pablo Neruda, sin instalar la música por sobre el contenido literario, y esto sin lugar a dudas se logró de manera formidable.

1º Del aire al aire

Pájaros franceses en un amanecer de París, grabados por idea de Alberto Ledo en el jardín de la casona donde la banda vivía, dan comienzo al disco. La zampoña y su efecto delay crean la atmósfera ideal para comenzar a absorber lo que viene.

Cantos: Tema instrumental. Del aire al aire es el primer verso que da inicio al poema “Alturas de Macchu Picchu”.

2º La poderosa muerte

La máxima expresión del rock progresivo y cómo éste se debe interpretar desde el arraigo, se deja observar aquí. Donde los instrumentos de viento se fusionan con los eléctricos creando una atmósfera que nos transporta a Macchu Picchu y nos hace sentir su cercanía con el cielo.

Complejidad musical, cambios de ritmos y una interpretación multi instrumental de los textos de Neruda, que con 11 instrumentos más la voz principal y los coros dan forma a una obra maestra: guitarra eléctrica, batería, bajo, piano, piano eléctrico, minimoog, tarka, ocarina, quena, trutruca y campanas tubulares fue lo utilizado.

Los cambios de tempo y ritmo se deben a que el tema interpreta una selección de versos, idea de Eduardo Parra.

Cantos: II, III, IV, V, VI y VII.

3º Amor americano

Luego viene el baile. Para Amor Americano cambian los papeles y Gato Alquinta abre el tema con una secuencia en el bajo para dar paso al característico y agudo sonido de la guitarra en manos de Mario Mutis y al “sh shshsh, shshsh, shshsh” de la batería, interpretando entonces una melodía cumbiera y andina.

Canto: VIII.

4º Águila sideral

Nuevamente un respiro. A pesar de su oscuridad y complejidad sonora, Águila sideral es amigable. La caja de Gabriel Parra se diluye tras cada golpe a lo largo del tema, al cual el bajo de Mario Mutis le otorga estructura y la quena, voz y guitarra de Gato Alquinta, la sustancia. El tema más psicodélico del disco.

Canto: IX.

5º Sube a nacer conmigo, hermano

El mensaje más potente que Neruda denuncia en esta parte del Canto, la banda lo interpreta con una sonoridad despampanante, como gritando “escuchen y no olviden, mierda”. El riff principal es un minimoog usado por Claudio Parra.

Canto: XII.

6º Final

Claudio Parra genera una melodía que cierra el disco con elegancia. Un piano clásico es acompañado con el susurro del Gato Alquinta, esbozando las últimas palabras escogidas de la obra de Neruda.

Canto: XII.

III De la experimentación vanguardista a la elegancia solemne

Alturas de Macchu Picchu representa el resultado de la experimentación como proceso creativo constante y el cómo ésta se transformó en la columna vertebral de un grupo que le otorgó un cuerpo a esta columna formando un sonido alucinante, sublime y que devuelve al oyente a la palpitante tierra americana.

23 minutos de locura y experimentación en vivo, sólo finalizados de corte por Carabineros, dura “¡Tocamos música de vanguardia, ¿y qué?!”, título que se le dio en La vorágine (2004) para nombrar su presentación en el Primer Festival de Vanguardia de Viña del Mar (1970), junto a Los Blops e invitados.

Casi 9 minutos de un repetitivo mantra que una y otra vez es gritado al ritmo de una batería pagana, dan forma al tema “Último día”, en el disco El volantín (1970).

Encanto por la poesía y el empoderamiento del piano sobre el sonido se dejan notar en “La conquistada” del Indio (1975).

Hermosura tierna, dulce y arraigada dan forma a Canción del sur y Frescura antigua en el disco de 1977.

¿Se endulzaron Los Jaivas? ¿Aterrizaron de su viaje hacia lo más profundo de la experimentación? No, ni se endulzaron ni dejaron de experimentar, pasa que su genialidad se sostiene sobre una estructura impresionantemente creativa, donde su pasión por probar y aprender cada cosa que suene los ha llevado no sólo a empoderarse de un sonido propio, sino también a lograr equilibrar los elementos para construir obras de intensa locura bajo mantos de belleza objetiva, nutriendo a cada alma de melodías etéreas pero de gran densidad compositiva.

Los Jaivas no sólo homenajearon a un poeta, a una cultura y a un pueblo, sino que crearon un testamento musical para enamorarse de la vida. Y eso, más que universal, es una huella infinita.

Por Gonzalo Ugarte C.