“Cancer”: Criminal azotando en la entrada al nuevo milenio

“Cancer”: Criminal azotando en la entrada al nuevo milenio

 Metal Blade, 2000

Un Anton Reisenegger en búsqueda de un sonido más limpio, pero con la misma disconformidad y odio hacia las contradicciones del mundo. Ira desatada y letras de canciones que recrudecen sin pudor lo explícito de la violencia. Eso es Cancer, el tercer álbum de Criminal, publicado hace más de 20 años ya, hacia el año 2000.

Luego de una década noventera fecunda en metal en nuestro país con propuestas llenas de elogios como Dogma, Dorso, Coprófago, Execrator y Nuclear (solo por nombrar algunas), la fuerte presencia de Criminal como banda volvió a pegar fuerte en la entrada al nuevo milenio. Una época en que la industria musical se debatía entre el nu metal, el hip hop y las exageradas, pero insulsas propuestas del pop. Bajo ese manto de cambios en la escena musical en el mundo, Criminal no tuvo miedo en repetir la temeraria fórmula del más clásico y crudo sonido del thrash metal.

Y es justamente esa personalidad y rabia canalizada a través de cuerdas, gritos y percusiones lo que le ha valido a Cancer ganarse un puesto de importancia entre los metaleros más intransigentes. Espacio que el disco se ha ganado con los años, ya que el sonido más visceral que había presentado Criminal en sus dos primeros discos (Victimized de 1994 y Dead Soul de 1997) es un aspecto donde la banda baja las revoluciones en esta tercera propuesta. Lo cual le valió en un principio el rechazo de los fans acostumbrados a sonidos más pesados y al blast beat constante.

Letras de denuncia y disconformidad ante las hipocresías sociales, medios de comunicación de masas, el juego geopolítico mundial y todo lo que representa cierta oficialidad abundan en este disco. Expresiones líricas que transitan sin problemas entre el inglés y el español. Un álbum resistido no solo por los fans más duros, sino que también por la misma banda una vez que se miró con perspectiva lo realizado, ya que el mismo Reisenegger declararía en cierta oportunidad de que fue un álbum “que se sacó en forma apurada”.

Un álbum fugaz y directo. Y es que son 31 minutos sin frenos (salvo la instrumental y pasiva “Green”). Minutos donde destaca con riffs poderosos la frenética presencia de “Play God”, canción donde se transita entre guturales y sonidos que dan una sensación de agobio y rabia constante contra nuestras propias contradicciones o con las del resto, dependiendo de nuestro estado anímico.

La canción que abre el telón es justamente “Cancer”. Un thrash no tan pesado para los más fanáticos quizás, pero si un comienzo arrollador y digno para iniciar un disco de metal. Un doble bombo en ostinato, pausas tensas entre cambios de riffs distorsionados, la cólera en la voz de Reisenneger y ese claro y chillón solo de guitarra antes del último coro le grita con fuerzas a nuestros oídos.

Otro tema a destacar es “Alma muerta”, la cual nos seduce a cabecear y soltar nuestras melenas. Cantada íntegramente en español y de una ejecución instrumental simple, pero potente. Esta canción se anota como un ideal para cualquier adolescente que quiera adentrarse en este género y quiera realizar su propio cover. Un coro construido en base a una llamada gutural y una respuesta de voz opaca y derrotada crea un aire denso y lleno de ira.

Un álbum que, sin embargo, evidencia ciertos roces o al menos varias conversaciones al interior de la banda para conducir con satisfacción el sonido a publicar, como si algo no terminase de cuajar en el orden o calidad de las canciones. Por un lado hay pasajes sonoros muy cuidados, como lo es la enérgica “Above and Beyond”, cuya facturación deja clara la sensibilidad de la banda cuando crearon esta obra. Brutalidad e ira, pero encauzada de manera estructurada, ordenada. Sonidos orgánicos, honestos. Pero por otro lado se nota cierta disonancia sin mayores pretensiones en los volúmenes, texturas y distorsiones. Ejemplo de ello es el tema final, el cover a Napalm Death, “Greed Killing” donde la voz cansada y rasposa no termina por amalgamarse al resto de los instrumentos. Elemento que desaparece por completo en la rabiosa penúltima canción, “El azote”, donde Criminal parece tocar con un ánimo más vigoroso y visceral. Como si la sesión en la que grabaron este tema el estado anímico hubiese sido otro. Un tema donde la armonía y orden subyacen a la explosión de energía y aparente caos instrumental.

Sin embargo, el criticado y no muy convincente Cancer sería finalmente la antesala definitiva para la internacionalización oficial de la banda. Un cambio radical y nuevos horizontes era lo que necesitaban. Situación que tuvo como nuevo comienzo la radicación de Criminal en Inglaterra, donde nuevos músicos de renombre y la cercanía con una industria musical mucho más nutrida le permitiría a esta icónica banda local nutrirse y crecer de la forma saludable como hemos visto, siendo una banda de metal referente no solo a nivel local, sino que de la escena internacional.

Por Cristopher Andrade