Detroit Rock City: todo por un concierto

Detroit Rock City: todo por un concierto

Pocos días atrás agregada a la versión latinoamericana de Netflix, se nos trae de vuelta la cinta Detroit Rock City (1999) —Rockeros rebeldes, conocida por estas latitudes. Tras el fiasco de Kiss Meets the Phantom of the Park (1978) —que pareció un mal episodio de Scooby Doo; más de dos décadas después, la banda más caliente del mundo volvió a incursionar en el séptimo arte, a través de New Line Cinema. Todo de la mano de Gene Simmons, que cumplió labores de productor.

Un buen ejemplo de comedia del género rockero, que hubo en los 90’s, siendo su trama un verdadero homenaje a la Ley de Murphy: ambientada en el año 1978, un grupo de cuatro amigos colegiales —uno de ellos personificados por Edward Furlong (Terminator 2, America X), maniáticos por Kiss, que tienen pensado emprender un viaje de tres horas; para un concierto de sus ídolos en el Cobo Hall de Detroit. Pero no todo es tan fácil como pensaban, ya que las entradas compradas terminan quemadas algunas horas antes, cortesía de la religiosa madre de uno de los chicos. Aunque tras un golpe de suerte deciden tomar la carretera, en un Volvo tomado a la mala, e ir a probar suerte. Siempre presente un humor adolescente, algo subido de tono, al que no puede dejársele de sonreír.

Con un soundtrack bien armado, acorde a la época, y del gusto de los protagonistas —a los que ni se les puede nombrar la música disco; de manera lógica está cargada de referencias sobre Kiss: desde datos, nombres de personajes, pasos futuros de la banda, y cuánta mercancía apareció en pantalla —que salió de la colección personal del bajista. Tomando en cuenta que no es un trabajo para nada ambicioso, destacan más actores de reparto de lo que uno esperaría: la leyenda del porno Ron Jeremy, Natasha Lyonne (recién salida de American Pie), Melanie Lynskey (Rose, en Two and a Half Men), Shanoon Tweed (conocida por su incursión en el cine erótico, junto con ser la esposa de Gene Simmons). Además de que, aprovechando la reunión de los integrantes originales, la última escena es el concierto de los aludidos —y que en una sola canción, lanzan toda su parafernalia de golpe.

Bordeando los 90 minutos de duración, es ir de punto alto a punto alto; saliendo de una desgracia para entrar a otra, sin saber dónde se irá a parar —desde la mitad, en adelante, dividiéndose en cuatro historias paralelas una vez que se separan; cada uno brillando por mérito propio, las locuras estando a la orden del día. Donde más de alguien se sentirá tocado tangencialmente, o dará las gracias de que no le haya pasado.

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