Mate Amargo – Asamblea Internacional del Fuego: La profundidad del dolor ante el hambre y la desesperanza

Mate Amargo – Asamblea Internacional del Fuego: La profundidad del dolor ante el hambre y la desesperanza

En tiempos vertiginosos de profunda incertidumbre, donde la reflexión se ha tomado el panorama prime de las últimas noches, es ahí cuando la música -nuestra eterna compañera- se posiciona como esa voz reflexiva que nos pone los pies en la tierra y nos obliga a encontrarnos de frente con la realidad que nos golpea en la cara.

El contexto en el que nos encontramos conjuntamente nos invita también a repensar un compromiso social real, no solo con cambios sustanciales a la realidad chilena, sino también a comprometernos de lleno con la defensa de nuestros derechos, aquellos que históricamente se nos han despojado de temprana edad, y de eso es lo que nos habla Asamblea Internacional del Fuego en Mate Amargo, tercer track de Dialéctica Negativa, álbum de despedida de una de las bandas más importantes de la escena hardcore nacional.


Haciendo la más precisa justicia al nombre del álbum, que emerge desde la inspiratoria de la teoría propuesta por Theodor Adorno, en la que se cuestiona críticamente la decadencia del idealismo, es que el disco nos proporciona un diagnóstico completo sobre el Chile empobrecido, perseguido, estigmatizado y carente de oportunidades, lo que en términos concretos se transforma en un llamado de atención a lo contraproducente de los idealismos academicistas que no interactúan con la realidad social actual.

“La Guerra del hambre nos aplasta el cuerpo. Nos aplasta en cualquier parte”

Sin rodeos es que Mate Amargo nos presenta la crudeza la existencia cuando se la vive sin nada en el estómago. Esa crudeza propia que invita a bajar a la élite política a ensuciarse los pies y vivir en carne propia la guerra del hambre, porque mientras algunas y algunos se llenan los bolsillos, en las poblaciones existe hambre, existe guerra, existe desolación.

Con la misma voz desgarrada, y una articulación melódica en la que las sonoridades representan en dolor más profundo teñido de rabia ante minorías privilegiadas que llenan sus arcas a causa de esclavizados trabajos y precarizadas vidas, es que nos gritan en desesperación:

“De derrota en derrota, nos doblaron la espalda.

Nos quitaron el habla, Nos quitaron tanto, tantos”

La precarización de la vida como patrón repetitivo de un grupo mayoritario de la sociedad chilena, es que la narrativa creativa de este track, posiciona una realidad que tiene nombre, tiene cara, y más de alguna vez la hemos vivido trabajando arduamente en las condiciones más deplorables, sin posibilidad de decir algo, porque el hambre y la pobreza es instrumentalizada por élites, y en más de una ocasión ha costado vidas.

De la mano de un cambio de tempo y acordes, es que la armonía conduce una verdadera batahola de emociones que fluctúan sobre la magia narrativa y poética de Emilio Fabar, quién utiliza la voz como arma, y la oratoria como declaración:

“La tragedia se fue hacienda tan común,

Enfermedad, prisión, locura que Avanza

Hermanos ausentes, el mate se enfría y la gente que falta”

Porque para gran parte de la población chilena, las tragedias dejan de ser tragedia cuando se vive con la urgencia de vivir al límite, en una constante de violencia sistémica que reproduce un status quo que instrumentaliza la vida en favor de unos pocos.

Cuando se habla de lo común de las tragedias, también hablamos de la ineficiencia de un sistema hospitalario y de salud, que en más de una ocasión implica esperar años por atención especializada o una operación de riesgo. La ineficiencia del actual sistema de salud no da abasto y no se soluciona únicamente con “tele-medicina” como nos quieren hacer creer. La profundidad del tema va en la capacidad de acceso y la necesidad irrestricta que todas y todos merecemos. No es justo la eliminación de listas de esperas, no es justo que nos llamen por una operación, cuando nuestro ser querido falleció en esa eterna espera, no es justo vivir en tan profunda desigualdad y morir por ser pobre y no tener como llegar a fin de mes.

Sentir esa “locura que avanza”, significa sentir la desolación más pura que ya no solo se expresa en un descontento a la casta política que se enriquece por trabajo y la vida de mayorías empobrecidas; sentir la locura que avanza también es reconocer que la desesperación a la falta de compromiso en mejoras sustanciales a la calidad de vida, porque somos mayoría quienes estamos profundamente desconcertados y desconcertadas por la profundidad de la desigualdad y la falta de oportunidades que existe como parte activa de las dinámicas de vida.

“Con ausentes y escapados, Yo rezo para bajo

Para seguir viviendo, para seguir viviendo.

Para poder ver el día cuando no estés riendo”

Con los ausentes, escapados y todos aquellos que este sistema posiciona en complejidad dentro del entramado del tejido social, es que es preciso reflexionar respecto de la deplorable situación socio-política y económica que estamos. “Rezar para abajo” implica reconocer en una historia de dolor, de pesar y precarización, un punto de partida y un punto de inflexión a no olvidarnos de donde venimos para así reflexionar desde nuestro contexto, y utilizar este posicionamiento, como un arma ante la élite política que en esos “idealismos” solo convocan y se ocupan de llamados y programas, cuando la ambición de poder se configura en dialécticas democráticas.

Atesorar nuestra historia de “muertos y escapados”, de nuestras familias enfermas de trabajar en un sistema que los explota hasta la muerte. No necesitamos a nuestras familias trabajando más allá de sus 65 años, como lo quiere la ultraderecha conservadora de este país, porque ellos nunca han trabajado negociando el hambre y la muerte.

No necesitamos “centro de atención crónica solo para enfermedades no transmisibles”, necesitamos un sistema de salud que incluya a todas las patologías; porque no existen enfermos crónicos de primera y segunda clase. Necesitamos un sistema de salud pública que posicione en el centro a la población chilena sin estigmas, sin estereotipos, sin perspectiva de clase.

No necesitamos más prisiones, gendarmerías, ni policías, ni armamento de guerra; necesitamos un compromiso real con la erradicación de la violencia de forma transversal, porque la violencia no se negocia con más violencia -como nos quiere hacer creer el candidato de ultraderecha conservadora-, sería una irresponsabilidad colectiva creer que la violencia se combate con más violencia, puesto que la orgánica misma invita a reproducir de forma profunda la violencia, configurando un estado de catastrófica inseguridad para la sociedad completa.

Karin Ramirez Raunigg

De música, libros y otras cosas.

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