Olé, Olé, Olé! – A Trip Across Latin America: sangre caliente por The Rolling Stones

Olé, Olé, Olé! – A Trip Across Latin America: sangre caliente por The Rolling Stones

Resulta más que justo el hecho que Netflix, por lo menos en su región latinoamericana, tenga en su catálogo el documental Olé, Olé, Olé! (2016). Un obsequio de lujo; que testimonia a quienes esperaron a los Rolling Stones por diez años, veinte años, o incluso toda su vida. Que aterricen esta parte del mundo es siempre un hecho de importancia —un destino muy olvidado de su agenda, comparado con Europa o Estados Unidos; con anterioridad sólo contando tres desembarcos: las giras promocionales de Voodoo Lounge (1994), Bridges to Babylon (1997) y A Bigger Bang (2005) —México, Brasil y Argentina llevándose las mejores tajadas.

Luego, en los albores de una nueva década, se perdió la cuenta el número de las negociaciones fallidas que hubo por hacerlos regresar; que por una razón, u otra, no pasaba de las fases iniciales. Pero aquello cambió en 2016, con el ambicioso tour América Latina Olé —llevado a cabo, sin ninguna nueva producción bajo el brazo, entre febrero y marzo: catorce conciertos, repartidos en diez ciudades de ocho países. Significó el retorno, después de veinte años, a Chile; como el debut en Uruguay, Perú, Colombia y Cuba —este último anunciado sobre la marcha, la guinda del pastel y todo un trofeo para los Rolling Stones.

Bajo ese contexto se enmarca el documental de poco menos de dos horas, con marcados capítulos entre un país a otro, mientras en paralelo se gesta paso a paso toda la logística en suelo cubano —junto con asignársele a casi todas las paradas una canción filmada en vivo. Un relato muy bien registrado, a cuatro voces, que desglosan esta parte del continente.

Ya sea haciendo una efímera introducción, de la golpeada historia regional llena de dictaduras, en Santiago —acompañada de Start Me Up; exponer el fenómeno rollinga, con mayor espacio para los fanáticos, en Buenos Aires —que se endosa Out of Control y Paint It Black; escaparse de noche para ver a un grupo de percusionistas en Montevideo —con el asomo de Miss You; historias de los 60’s sobre un antiguo viaje vacacional de Mick y Keith a Río de Janeiro, Ronnie pintando con un artista local amigo en São Paulo, y bajo la lluvia de Porto Alegre —para darle lugar a Sympathy for the Devil; recibiendo a bailarines negroides dentro del camarín de Lima —que anticipa a Midnight Rambler; Richards agitando un bastón de madera, que ahuyenta la lluvia, durante la prueba de sonido de Bogotá; explicar, en palabras de los lugareños, la prohibición que tuvo por mucho tiempo el rock en Ciudad de México —que le hace compañía una conveniente Street Fighting Man, seguida de Wild Horses.

La llegada a La Habana fue un afortunado, y perfecto, broche de oro —concierto que fue publicado en audio y video bajo el título Havana Moon (2016), tres meses antes que el documental llegase a salas de cine. Corresponde al deseo de ser un nuevo desafío, uno de los muy pocos que les faltaba por conquistar, que coincidió con la re-apertura de la isla después de medio siglo —el cual, de hecho, tuvo que ser pospuesto cinco días para no calzar con la visita presidencial de Barack Obama. Con la desaprobación del Papa Francisco, por haber quedado para el Viernes Santo, que poco importó al tratarse de un hecho histórico: “Para los cubanos esto es un símbolo de esperanza, de nuevas ideas, de ideas frescas” —como comentó un miembro del equipo. “Van a ver algo que nunca habían visto antes, y van a escuchar algo que nunca habían escuchado antes”, completa el guitarrista. It’s Only Rock ‘N’ Roll y (I Can’t Get No) Satisfaction dan muestra de ello, en la colosal cita gratuita que fue repletada por 400.000 asistentes.