Arctic Monkeys – «The Car» (2022)

Arctic Monkeys – «The Car» (2022)

Domino Records, 2022

El pasado 21 de octubre probablemente fue el día más esperado del año para quienes vibran con la música, puesto que dos titanes de este arte acordaron publicar nuevo material ese viernes de lanzamientos, por lo que los ojos del mundo se volcaron por un lado “Midnights” de Tylor Swift, un disco profundamente personal que con un tinte de house pop, logra abrir espacios de profunda reflexión y confidencia; y por otro las sensibilidades explotaron con el regreso discográfico de la banda oriunda de Sheffield, quienes luego de Tranquility Base Hotel And Casino, marcaron un punto de inflexión en su identidad sonora y, que ahora con “The Car” logran unificar y consolidar la era más madura de Arctic Monkeys.

A las 00:00 h. era el acuerdo mundial del lanzamiento streaming de un disco que sorpresivamente acusa su existencia, un disco que solo anuncia lanzamiento un 30 de agosto con “There’d Better Be a Mirrorball”, asombrando a miles alrededor del globo mundial. Un videoclip en que la iluminación, dirección fotográfica y línea performática siguen lo propuesto en Tranquility Base Hotel And Casino -en adelante TBH+C-, porque tal como lo ha confirmado la banda, el marco de unión de las propuestas discográficas del cuarteto, es que cada álbum es una continuación del anterior.

La carga compositiva que trae “The Car” se conjuga como una articulación contextual en la que la vertiginosidad de la crisis socio-sanitaria, los instó a sentarse a reflexionar sobre sus casi dos décadas de trayectoria. Lo que estaba propuesto para ser lanzado casi en simultáneo a TBH+C, la pandemia los obligó a mirar en retrospectiva respecto a las piezas construidas en su historia que constaba de seis discos en ese entonces. En primera instancia, las consideraciones apuntaban a volver a trabajar con -lo que ellos denominan- sus “básicos”, en otras palabras, aquellas propuestas armónicas ya trabajadas en “Whatever People Say I am, That’s What I’m Not” (2006) y el carácter compositivo de “AM” (2013), volviendo a riffs agudos, coros pegajosos y dignos de estadios, sin embargo, la honestidad y sinceridad apremia, porque este “mal chiste” se sentía como “Intentar ponerse una camisa que usabas a los 17 y recuerdas porqué dejaste de usarla” (Helders y Turner, 2022).

Bajo esta premisa es que nos situamos a trabajar con el séptimo LP de los ideólogos de “A favourite Worst Nightmare” (2007), desde un aura de madurez, diversificación instrumental, profundidad composicional y narrativas prosísticas. Con 10 canciones, cerca de 40 minutos y potentes novedades estílisticas, nos sumergimos en un nuevo anacronismo en donde los Arctic Monkeys dejan atrás en Scifi para permitirnos explorar su propio mundo con cándido surrealismo.

“There’d Better Be a Mirrorball” es el track encargado de abrir esta nueva era en la carrera de los Arctic Monkeys. El rol de esta canción funciona como puente entre TBH+C y The Car, por lo que los guiños “Don’t get emotional, that ain’t like you” emergen como crítica a los últimos versos de The Ultrachesse: “I’ve done some things that I shouldn’t have done. But I haven’t stopped loving you once”. Seguimos con «I Ain’t Quite Where I Think I Am«, track que con especial aura funk y tintes soul abre paso a «Sculptures of Anything Goes”, probablemente uno de los temas más aplaudidos del disco y el cual pone a Jamie Cook como cabeza compositiva logrando un escenario obscuro, pesado y minimalista, que con una base rítmica te sitúa en un constante estado de alerta, el que acompañado con la voz, se genera un espacio de interpelación de tenue ambivalencia donde estamos en perfecta comodidad en este incomodo lugar.

«Jet Skis on the Moat» marcan la segunda parte del disco, track escrito por Alex Turner en colaboración con Tom Rowley, construyen un contexto donde el funk regala especial protagonismo a Cook, una construcción vocal que pone al soul y al r&b en un espacio de total libertad. Le secunda «Body Paint» ultimo sencillo lanzado como parte promocional, un toma estrella que deja en evidencia las intenciones y la dirección que tomó la banda en este álbum. Dramatismo y exaltación son las palabras que otorgan sentido al nuevo clásico de Arctic Monkeys, y que irá encontrando su lugar en los próximos años dentro del setlist. «The Car» toma el rol clásico que traza el carácter emocional de cada disco; un tema que nos lleva a un breve viaje en el tiempo al trabajo solita de Alex con la creativa del EP “Submarine” (2010) para la película del mismo nombre, por lo que la retrospectiva abraza aquella trayectoria que se construye en base a una constante búsqueda de nuevos sonidos y maduración de sus propios sistemas creativos.

“Big Ideas” abre esta parte del disco, con un apabullante jazz al más puro estilo de Henrik Freischlader en “Lonely World”, los teclados toman especial protagonismo, pero nunca olvidando aquel nicho que les regalaron las guitarras, las mismas que hoy los posiciona como una de las bandas más influyentes de la última década. Continuamos con «Hello You», track que resalta por su refractariedad mostrando posibilidades no exploradas en los tracks que componen el disco, -o de su propia carrera-, puesto que entrega la atmosfera cinematográfica que rodea el ambiente de este álbum con potente carga visual.

Cerramos con el binomio «Mr Schwartz» y «Perfect Sense», canciones que en sí mismas ponen la emocionalidad en suave performance lírica. Nos zambullimos en las estructuras creativas y de inspiración que emanan del trabajo eterno de David Bowie, Scott Walker y Burt Bacharach. En la narrativa de «Mr. Schwartz», nos volvemos testigos claves de las verdaderas intenciones de incursionar en el mundo cinematográfico de Turner, ya que encontramos la creativa de un personaje dominante y misterioso casi al más puro estilo de “The Great Gatsby” (2013). Por otro lado “Perfect Sense” sitúa a Turner en la interpretación del papel de crooner que ha adoptado durante los últimos tiempos, Misterioso e intrigante, recordándonos a Barry White en la lírica, pero construyendo al perfecto juglar de los tiempos modernos.

“The Car” es a “The Conversation” (1974), lo que “Tranquility Base Hotel And Casino” fue a “Space Odissey” (1968) y “Blade Runner” (1982). Es innegable la solidez construida a base de trayectoria durante estas casi dos décadas de aprendizajes, éxitos y formación autodidacta. Con este disco, nos encontramos a Arctic Monkeys en su fase más pura, quizás porque los temores que trajo consigo TBH+C, -como uno de los proyectos más osados de su carrera-, hoy ya no existen y solo les resta disfrutar la libertad creativa como parte de su construcción de identidad musical.

En términos técnicos “The Car” otorga protagonismo a la creatividad de un colectivo, posicionando a Turner como conductor de una línea argumental, y ya no como única cabeza creativa. En este disco encontramos a un Jamie Cook potentemente sólido, propositivo y multinstrumentista; también encontramos a Nick O’malley direccionando y conduciendo tracks en perfecta armonía; mientras que por otra parte somos testigos de una percusión sosegada en la que Matt Helders marca el compás durante todo el disco al más puro estilo de Charlie Watts, sin grandes aspavientos.

Ante este escenario, resulta imperativo reconocer que los trabajos de estudio protagonizados por el cuarteto solo trazaron un punto de partida el cual se unifica al respetar sus propios tiempos, apertura inspiracional y propuesta creativa; por lo mismo la premisa “Whatever People Say I am, That What I’m Not” toma particular sentido, ya que lo que fue el título de su primer LP, hoy es la premisa que da forma al trabajo histórico de Arctic Monkeys: una constante refractariedad a la categorización como aprensión y estaticidad.

Karin Ramirez Raunigg

De música, libros y otras cosas.

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