Barón Rojo y Accept en Chile: La última insignia de un gran año metalero

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Nuevamente, el metal se puso los pantalones largos e hizo que 2017 fuera una de las mejores temporadas en cuanto a número y calidad de los shows. No voy a replicar lo que ya tanto se ha señalado sobre la visita de los Big Four, de Metallica en Lollapalooza, el knockout de King Diamond, la consolidación de Stgo Gets Louder etc., porque nos toca referirnos a la última visita de verdaderas eminencias del rock, en su corriente más radical. Anoche, en un teatro Cariola repleto, el protagonista fue ese estilo menos condescendiente expresado por la lírica y puesta en escena de dos leyendas europeas: Barón Rojo y Accept, representantes de una era a la que ambas bandas han sabido sobrevivir a punta de esmero y pasión.

Con 37 años de sólida historia, Barón Rojo, la mítica banda de metal español, nos prometía un show de primera afianzado en la máxima de ser los exponentes más importantes del rock duro ibérico. Forjadores de un sonido inconfundible, Carlos y Armando de Castro, Javier Rodríguez y Rafael Díaz entonaron lo más emblemático de su repertorio: La eterna “Son como hormigas”, “Larga vida al rock n’ roll”, “Noches de rock n’ roll”, la atractiva “Breakthoven”, “Las flores del mal” y sobre todo “El Malo”, “Con botas sucias”, “Hijos de Caín”,“Los rockeros van al infierno”, “Cuerdas de acero” y el himno “Resistiré” fueron los puntos bordeados más relevantes de un setlist que no paró, que se fue como ráfaga con un tema tras otro, los que resultaron ser clásicos inconfundibles para la memoria del público permitiendo gritos, aplausos y mucha complicidad. Uno de los momentos más celebrados fue “Concierto para Ellos” y que fue dedicado a Malcolm Young, con fotos de sus presentaciones pasando por una pantalla gigante, la que se mantuvo activa toda la velada apoyando la estética de cada tema con patrones y fotos diferentes, y que ayudaron a transformar las campanadas en algo muy emotivo.

Con un show de 2 horas, casi sin interrupciones y con un Cariola que hervía, cumplieron más que bien con la tarea de preparar a la audiencia para recibir a los Accept y se logró el reencuentro con ese fan que conoció y vibró con el metal en español de inicios de los ’80.

Los alemanes Accept tienen su historia repleta de reencuentros y separaciones. La de Udo Dirkschneider fue una de las más dramáticas al tratarse de uno de los vocalistas más emblemáticos de la escena; sin embargo, los fans han asimilado que Accept es más que Udo y que el sello sonoro que los ha hecho inconfundibles se debe, en gran medida, a la calidad de la guitarra y bajo de Wolf Hoffmann y Peter Baltes, quienes salieron a escena pasadas las 22:30 hrs provocando el deleite de un Cariola más que al límite de su capacidad y cuya elevada temperatura preparó el ambiente para sentir el caos sonoro que se venía. El escenario y la puesta en escena fueron en el tono de “The Rise of Chaos”, el decimoquinto álbum de estudio de los alemanes y que ha superado las expectativas de todos sus fanáticos y, seguramente, la prensa lo mencionará como uno de los mejores álbumes metal de 2017; si bien este disco le da nombre a la gira (de ahí la gráfica brutal y atractiva para promocionar este show) lo sembrado y cosechado en los ’80 y este milenio serían la lección más provechosa que sacar de esta clase.

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“Dye by the sword” abrió los fuegos con todo y sonó espectacular. Es extraño que un espectáculo de una banda legendaria parta con un tema reciente, pero este era muy conocido por los fans y la disfrutaron con todo. “Stalingrad” siguió machacando los oídos con su tono demoledor mientras que “Restless and Wild” fue una de las más gritadas; es imposible no responder a esos sonidos y riffs, marca de la casa. “London Lethearboys” y “Living fo Tonite” no se quedaron atrás, son tracks que no necesitan de rapidez para sonar metal. Mark y su gran carisma jugaron siempre a favor del show logrando echarse al bolsillo al público tempranamente. Luego vino otro tema nuevo, de esos que grafican que la creatividad y esencia están intactas. “The Rise of Chaos” y un riff demencial, “Koolaid” y “Analog Man” son hard rock del bueno, de primera línea, con estribillos coreables y un sonido setentero muy bien producido. Con “Final Journey” aceleran de nuevo y Wolf muestra que es un grande.

“Shadow Soldier”, la espectacular “Princess of the Dawn”, “Midnight Mover” y “Up to the Limit” fueron un azote tras otro, con olor a clásico y provocando el delirio de la fanaticada que quemaba sus últimas energías con pasión. Wolf Hoffman fue la estrella de este segmento de canciones tradicionales, mientras que Mark ya estaba afiatado con los fans que no paraban el headbanger. El Cariola estalló aún más ante los acordes de “Pandemic” y ese solo único, de una calidad invaluable para uno de los mejores temas del “Blood of the Nations” y que se ha ganado su espacio en un repertorio de gloria. “Fast as a Sharks” y esa velocidad que no se siente todos los días, fue la encargada de cerrar el show, pero era obvio que ante tal vitalidad el show no podía quedar ahí, porque el público obviamente iba a querer más. Tras el bis, el final fue apoteósico con “Metal Heart”, “Teutonic Terror” y “Balls to the Wall”. ¿Puede un concierto terminar de manera más brutal? Difícil. Los tres son temas tan geniales, exudan tanta calidad interpretativa y musical que el Cariola se vino abajo. Directos, contundentes, sinfónicos, progresivos, gritados, amados… fueron el sello para una verdadera clase magistral.

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Así finalizó esta cátedra de heavy metal, otra más de las tantas que vimos este año. Wolf Hoffmann todavía tiene la jineta de capitán de este acorazado alemán, en el cual se mantiene tocando con una precisión impresionante. Mark Tornillo fue muy aplaudido y deja constancia que es el vocalista que Accept necesita hoy en día. Peter Baltes sigue desplegando el soporte sonoro tan reconocible desde inicios de los ’80. Uwe Lulis fue un monstruo en la guitarra, cuyo fiero sonido ya conocíamos por su trabajo en Grave Digger, y Christopher Williams machacó la batería de principio a fin.

Desde 2010, la banda ha editado cuatro álbumes y han venido a Chile 3 veces, la última hace poco más de un año, lo que podría haber mermado las ganas de repetirse el plato. Sin embargo, cuando tienes un setlist tan feroz, emotivo, crudo, y discos muy actuales, donde la esencia del metal ochentero se sigue respirando, sientes respeto por estos ídolos que demuestran gran interés por mantener el proyecto Accept activo. Las buenas críticas de la prensa y este tipo de conciertos tan aceitados y cercanos sólo nos inspiran respeto hacia un repertorio que los años sólo han podido enaltecer. A las 12:45 hrs se baja el telón y nos vamos con los pies destrozados, pero con la sensación de que el año metalero en Chile vivió una extraordinaria temporada y que esta última clase magistral dictada por Barón Rojo y Accept es muestra de que el metal seguirá dando el nocaut en el calendario de conciertos chileno por mucho rato.

Macarena Polanco G.

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