Black Sabbath-«13»: la última misa negra

Black Sabbath-«13»: la última misa negra

Macizo  y rotundo fue el regreso discográfico de Black Sabbath en aquel ya distante 2013 con 13. El primer  álbum que tras 35 años de separación, volvieron a grabar Ozzy, Tony y Geezer. Muchas veces tocaron juntos en ese largo periodo, se pelearon  en otras e  incluso demandas de por medio por el uso del nombre de esa marca que grabó a fuego la forma y fondo de un estilo de música y vida. Black Sabbath, sin el groove ni el swing de Bill Ward anunció su regreso a los estudios de grabación en 2011, junto  a un productor famoso por levantar carreras de artistas de larguísima trayectoria.

 Sin duda Rick Rubin, en esta pasada se anota una de sus mejores colaboraciones. Y es que, el sonido más el cómo se percibe este 13, no sería lo mismo sin sus barbudas ideas y dirección. Gran mérito, pero no olvidemos que Rubin tenía en frente tres pioneros, a estas alturas tres leyendas que pretendían –y lo logran- cerrar uno de los mejores capítulos que tiene la historia de la música, el epitafio perfecto para saldar el pago de una deuda histórica. Un poco de justicia y memoria; dos de sus contemporáneos acababan, hace algunos  meses, de editar  producciones que valoran  la gloria de su historia, Purple y Zeppelin. Con disco y DVD respectivamente. Las últimas noticias no eran justas con Sabbath, el cáncer que aqueja a Tony, la constante lucha de Ozzy con las drogas, la muerte de Dio, e incluso la polémica con Bill Ward por no ser parte del retorno, no hicieron más que enlodar páginas doradas de la leyenda negra. 

Tras sacudirse los conjuros del mal, finalmente  podemos escuchar un nuevo disco de los creadores de todo esto. Sin lo que hiciera  Iommi en la guitarra, Butler en el bajo y letras, Ward el motor de la máquina,  más  Ozzy con su carisma y dramatismo en voces y gestos, no habrían ni Metallica, ni Pantera, ni Mastodon, ni Black Keys. Esa es la ecuación, esa es la importancia de Sabbath. Así podríamos ramificar en muchísimas bandas y tendencias. Pero ya conocemos lo que son y lo que valen, lo certificamos desde que explota sin conciliación por los parlantes End of the Beginning, God is Dead y Loner. Tres tracks poderosos, brutales donde Sabbath suena a  Pantera y Slayer – en sus parajes más lentos y oscuros-, pero no, sabemos que ellos comenzaron esto en 1969, y todo lo demás llego después. La falta de lo análogo en la grabación de 13, confunde en momentos. Sin embargo, se aplaude el escuchar a Sabbath en 2013 con los elementos que los hacen sonar con la elegancia que merecen. Zeitgeist es la pausa necesaria al desborde de riffs doom del Padre creador.

Canciones como ésta después las escuchamos en otros íconos del rock facturado en los 90,  otro tributo necesario. Age of Reason y Live Forever manifiestan contundencia y la necesaria continuidad de buenas canciones para un sustancial disco. Brad Wilk (Rage Against The Machine) quien reemplaza a Ward en las baquetas logra un buen trabajo a lo largo y ancho del disco (sobre todo en los notables bonus track del disco Methademic, Peace of mind, Pariah y Naivete in black), empalma y acentúa en los momentos que hacen crecer y mantener los riffs de Iommi más los inquietantes dedos de Butler. Cuatro bonus con los que crecen aún más los réditos del disco, Black Sabbath, pisa el acelerador y nos corteja con canciones directas y crudas.

Pero seamos justos, con Bill Ward en forma esto sonaría distinto, y quizás no tan mecánico. Damage Soul  es una de esas  delicias humeantes y dulces, blues, riff  añejados en el mejor barril, más unos solos inspiradísimos hacen lucir a Iommi, un inalcanzable en ideas y talento. Dear Father cierra el registro oficial de ocho finas y pesadas canciones, con un final no menor, evocando el mismo efecto sonoro (lluvia, truenos y campanas) de la canción homónima que abre su primer disco. Huele a la última entrega, el epitafio que todos quisieran en su despedida; riffs gigantes, oscuros, y una voz que marcó generaciones compilan en 13 un disco necesario que seguirá creciendo con el tiempo y que, como todo álbum de Ozzy, Geezer y Tony, pasara a la historia como un obligado referente. Sin más, esta es  la eterna vigencia de un inmortal.

Nacion Rock

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