God Is An Astronaut- “Ghost Tapes #10” (2021)

God Is An Astronaut- “Ghost Tapes #10” (2021)

Ya instalados en el año 2021, con más malas noticias que alegrías; con cuarentenas, vacunas, que retrocedemos o avanzamos de fase, recuentos, distancia social y otro montón de sucesos lamentables que nos pone a todos un poquito nerviosos y ansiosos, se agradece sobremanera que nuestros grupos favoritos sigan haciendo música fresca en estos oscuros tiempos, abriendo una ventana para que podamos escaparnos un instante de tanta incertidumbre y preocupación. Y si ya nos escapamos por un rato, hagámoslo con todo; con el nuevo trabajo de” God is an Astronaut” que te invita a un viaje vertiginoso y lleno de emociones. Acompáñame y revisemos juntos el décimo álbum de la banda “Ghost Tapes #10”.

Contextualicemos.

La banda se encuentra activa desde el año 2002 y desde ahí han ido sacando discos cada dos o tres años, logrando diferenciarse de sus colegas del post- rock con un sonido ambiental, casi de sci-fi, construyendo escenarios oníricos y muy coloridos que te invitan a tomar la nave espacial que tenías guardada y viajar por el espacio en recorridos, a veces apacibles y otras veces frenéticos, pero siempre espectaculares. Para el “Ghost Tapes #10” siguen esta fórmula, pero la pulcritud del sonido y la creatividad musical alcanzan un punto de madurez perfecto para la ocasión, demostrando que el grupo irlandés está siempre buscando nuevas experiencias y lo que es mejor, las encuentran y las transmiten.

Sobre el Arte.

El arte de la portada fue creado por David Rooney, quien ya había trabajado con la banda en su placa más reconocida “All is Violent, All is Bright”, su segundo disco, el año 2005. En su trabajo prima la utilización de las líneas para dar un carácter especial y muy elaborado a sus piezas. Además, su trabajo va en la misma dirección de la banda, creando escenarios surrealistas, complejos y armónicos; digamos, una versión gráfica perfecta de la música de God is an Astronaut.

Ahora sí, vamos a la música.

El disco comienza con “Adrift” que es pura energía, misterio y una suma de elementos que aportan con el vértigo necesario para que te enteres de lo que va comenzar. La pieza alcanza cierta estabilidad con una guitarra que asume el rol conductor del caos que existe alrededor; le da estructura y una dirección que de pronto cambia de forma radical, sacándote del desconcierto que has experimentado hasta ahora, para llevarte a flotar en el espacio un instante breve, pero reconfortante, terminando con una sensación de duda y expectativa que se amplía con “Burial”. Su comienzo es un poco más tímido, pero a medio camino se arma de valor para seguir con este recorrido desbordante a paso firme. Aquí la batería de Lloyd Hanney llega a puntos frenéticos y desbordantes que cambian la sensación del tema, aportando con explosiones de energía y cambios de ritmo que matizan cada idea de los hermanos Kinsella.

“In Flux” fluye lentamente, con sintetizadores que te mantienen atrapado en la atmósfera del álbum, donde el punto del tema nuevamente es lo desconocido, cayendo muy temprano en el frenesí usual de la banda. El bajo de Niels, siempre firme, deja que el dueto de guitarras, (que nos trae de vuelta a Jaime Dean) hagan su juego de velocidad y quietud que te provoca un desconcierto sabroso que te ayuda a canalizar tus propios sentimientos al ritmo de la música. “Spectres” sigue la misma frecuencia de los temas anteriores, pero tiene unos toques clásicos de metal que se funden perfectamente con la esencia y el ambiente del tema. Las guitarras distorsionadas con un riff progresivo te animan a hacer “headbanging” y disfrutar las partes más extremas de esta loca historia.

El ritmo agresivo y la potencia continúa con “Fade”, que nuevamente se vale de la percusión para enriquecer esa carrera en picada hacia el suelo y crea elaborados momentos de tensión, permitiendo que las cuerdas jueguen a todo lo ancho de su capacidad, con sus gritos eternos y sensación casi visceral de paranoia. Se crea una forma perfecta con “Barren Trees”, que hace calzar todos los elementos de forma armónica, no deja espacios al azar. Aquí, sólo hay precisión. Es como un enorme bloque que cae a gran velocidad, alcanzando el clímax de todo el álbum con una voz angelical sacada de otro mundo que se acopla suavemente, mezclando el caos que llevamos durante todo el recorrido con la esperanza de que estamos llegando a destino. Entonces, una ventisca y una guitarra nos abren la despedida en “Luminouse Waves”. Las cuerdas del chelo a cargo de la talentosa Jo Quail son pura nostalgia, despertando suavemente los instrumentos que nos acompañaron desde el comienzo, pero esta vez de otro modo, más reposado y satisfecho, concluyendo este viaje de una forma magistral y serena, apagando todo el fuego que levantó el disco mismo desde el inicio.

En resumen

La apuesta es genuina y muy característica del grupo, trasportándonos una vez más a paisajes de ensueño, oscuros y luminosos, valiéndose de elementos muy suyos para lograr esta hazaña nuevamente. El álbum es, en mayor medida potente y vertiginoso, haciendo caso omiso de esa melancolía tan propia del post-rock. Es prolijo, sistemático y todo calza precisamente en los lugares que debiesen, no existen fugas ni improvisaciones. Funciona de forma perfecta, limpia y pulida, eso en la parte más técnica. En lo emocional, en lo creativo y en las sensaciones que te deja, es frenético y desbordante, es (como ya te dije anteriormente) una carrera en picada a toda velocidad, que cada tanto te permite pequeños momentos de calma para que flotes en el espacio y para admires la obra con esperanza y una sensación de calidez.

Muy recomendado para descubrir a la banda (si aún no la conoces), ahondar en el estilo o simplemente, disfrutar de un viaje a lo más lejos que tu imaginación permita, gracias a estos tremendos músicos que hacen que el tiempo de encierro tenga estas salidas espectaculares y llenas de emoción dentro de tu propio hogar.

Por Cristóbal Fernández