Obscura y Septicflesh en Chile: ¿Dulce o Death?

Obscura y Septicflesh en Chile: ¿Dulce o Death?

Una noche de Halloween al ritmo de bandas death metal de primera línea 

Por Fito Serey

Fotos:  Rubén Gárate 

Ya es conocido que el día 31 de octubre se trata de salir festejar a las brujas, recolectar dulces y asustarse con más de un espanto, pero el día de ayer no sólo fue Halloween, sino que también se celebró una fiesta del death metal: Obscura y Septicflesh en Chile. Los exponentes de este estilo unieron fuerzas en un concierto que prometió y cumplió todas las expectativas. 

Projector: El melodic death se toma el escenario

 

Por alguna razón sus lienzos significaron volver a lo que un día sin previo aviso pareciera que fue olvidado y de repente volvió como un recuerdo sonoro: Projector, aquella banda de melodic death metal volvió con total arrojo. No sólo motivó a la audiencia que comenzaba a entrar al Teatro Cariola, sino que su música intempestiva creó el ambiente favorable para despertar los entumecidos ánimos. Su set se fundamentó en sus inicios, temas como “Killing the True”, “Anima Mundi”, “Perfect Imperfection” y el mismísimo “Between Nature and Ego”, que hurgaron en los recuerdos de los metaleros. También trajeron temas más recientes como “Corporatocracy” y “Solitary Ascension”.

En una rápida despedida y un cierre de telón simbólico, se apagaron las luces del escenario, dejando el preparativo para la siguiente banda.

Radamanthys: El death saliendo del Hades

Así fue. Con tanto apuro como death metal, salió al escenario la banda penquista Radamanthys. El público los esperaba, deseando oír el destructivo estilo de la banda fundado en un crudo death, sin melódicos arreglos, sólo rechinantes cuerdas que suenan como dientes apretados y aplastantes percusiones.

En un breve y muy apretado tiempo, los bites ensordecieron el silencio, depredado por los growls y las centelladas de guitarras. Su acto fue un bombardeo de principio a fin. Temas como “The hour of miser”, “Faceless demon” y “Forsaken” crearon la atmósfera perfecta para sacudir las cabezas de los asistentes hasta la mismísima barrera de la barricada. Mientras que “Nightfall” y “Twilight of the soul” mantuvieron a raya la ansiosa espera por los “cabeza de cartel”.

Obscura: El lienzo uterino cobra vida

Tras una demora poco significativa, emerge el líder de la banda, Steffen Kummerer para darnos falsas expectativas, porque sólo probó las guitarras (risas). Luego de unos minutos y con más expectativas que ansiedad, salieron todos al escenario:

Jeroen Paul Thesseling, Christian Münzner, David Diepold y el ya presentado frontman, sacudieron el público con temas como “Forsaken”, que nos hizo sacudir las cabezas por casi nueve minutos en una versión extendida que trajo rápidamente un mosh pit. Y del brutal death melódico nos zambullen en las progresiones de “Emergent Evolution” y en las progresivas notas grooveras de “Devoured Usurper”. Cuando todo está dispuesto, la banda nos lleva a pasajes entre mezclados de melo death y metalcore progresivo con el tema “Akróasis”, el cual crea una paulatina sacudida en el púbico por completo y comienza un verdadero y colosal moshpit justo al medio de la cancha, que es cuando las cabezas de los miles de asistentes se inquietan y la música reclama el headbanger. Y, aunque este tema consta de variadas pausas, el público las obvió desatando se pasión con el anterior tema y el siguiente “Ode to the Sun” y con el siguiente también “The Beyond”. Si bien, esta última canción está compuesta por un instrumental, es de aquellos que rara vez no son lentos. Sus riffs rápidos y metalizados nos conducen por una montaña rusa de ritmos y emociones, donde el elemento enérgico es el verdadero protagonista, en medio de la puesta de escena de los alemanes Obscura. Como si fuera exhalada desde los pulmones de la canción anterior, ligera y a veces con poca prisa, “Orbital Elements I” nos relaja por algunos segundos para aplacar toda esa energía embrional que sacó el tema “the Beyond”.

Con una velocidad que retumba en nuestra cabeza como casquillos golpeando contra el suelo, sueltan una ráfaga que está compuesta de más death que metal al ritmo de los incesantes guturales de “Anticosmic Overload”. La excesiva progresión al inicio de “Ocean Gateways” y el similar puente con “When Stars Collide” terminó agotando un poco a la audiencia. Muchas opiniones rondaban entre lo que se decía sobre la similitud entre un tema y otro, quizá la heterogeneidad entre los públicos amalgamados indicaron la diferencia real que había entre los públicos que seguían a cado uno de los cabezas de cartel. Finalmente, y en un encore que no fue tal, los oscuros germánicos cerraron su show en Chile con los broches musicales “Septuagint” y “Incarnated”.

Septicflesh: 13 sonetos al guardián de las tumbas

Prácticamente puntuales, bajo la críptica ambientación que elogia cualquier paraje o personaje sacado desde las tintas de Hans Ruedi Giger, nos abruma la grisácea escenografía la que con decadente mensaje orquesta la atmósfera perfecta para recibir a los atenienses de Septicflesh. Rápidamente y sin más demora llegan hasta la tarima del escenario: «Krimh» Lechner, Christos Antoniou, Psychon y la voz descomunal de comunal de Spiros Antoniou.

Rápida y colosalmente, las sinfónicas arenas musicales se tomaron el Teatro Cariola con temas como “Portrait of a Headless Man”, “Pyramid God”. A su término, Spiros se dirige al público diciendo: “Hola Chile, gracias por estar. Hermanos, agiten sus manos, esta noche es para espantar”. Posterior a esta consigna, la música nos engulló por completo y la oscuridad comenzó a hacerse más negra desde que comenzó a sonar temas como “Neuromancer”, locuras mucho más crudas y anteriores como lo es “The Vampire from Nazareth” hasta desbordantes como lo son “Hierophant” y “Martyr”.

Cada vez se sentía en el tenso y tétrico ambiente las pisadas de lo más esperado por los fanáticos, lo que más querían escuchar. Pero antes, se debía andar a tientas entre el sol y escarlata de los focos que anticiparon dos canciones tituladas “Prometheus” y “A Desert Throne”, los cuales (estratégicamente) llevaron al público a vibrar al son de las metálicas sinfonías arabescas, haciendo corear -con cada tono- cada letra y espacio de las canciones.

Nuevamente tomó todo el protagonismo al dirigirse a la convulsiva audiencia el gutural frontman: “Vamos tiempo atrás, a temas que ustedes ya conocen, vamos a “Communion”. Con un desborde de energía comenzó el público comenzó a aclamar a la banda, entre gritos, silbidos y repitiendo “Septic, Septic”. La homónima canción que los catapultó al reconocimiento mundial ya estaba aquí. Todos, absolutamente todos los asistentes llegaron como ríos serpenteantes más cerca del escenario. Luego de esta inquietante configuración, la banda nos dio un poco de respiro con lo más reciente hecho a la fecha “The Collector”. Posterior a ello, nuevamente nos invitaron a lo que se vio como un mosh pit que reproducía el simbolismo de “la serpiente que muerde de su cola”, “Persepolis” llegó para desbordar aún más a todos los asistentes que estaban ahí, escribiendo una explosión de energía musical y de clamor.

El encore fue lo más esperado de la noche. Nuevamente fuimos transportados a las mismas arenas del tiempo de la banda, un rugido del chacal de los muertos fue acompañado por la cítara de los recuerdos. “Anubis”, el tema más recordado y querido por los fans fue interpretado colosalmente. Las fauces de su vocalista parecían gestos de película de terror. Curiosamente y complementando todo lo que dejó en nosotros las tres odas a “Communion”, se despidieron con “Dark Art” el perfecto término y cierre que casi nos da la sensación de continuar en el sonido del año 2008.

Para terminar todo esto, nos fue llamativo (a muchos) a incuestionable duda sobre la ausencia de Sotiris Vayena, el cual no acudió en la cuerdas y fue reemplazado por pistas musicales a lo largo de todo el espectáculo ¿Qué habrá pasado con él? 

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