“The Razors Edge”: AC/DC de vuelta en forma

“The Razors Edge”: AC/DC de vuelta en forma

La agrupación australiana finalizó disminuida los 80’s, con el poco inspirado Blow Up Your Video (1988); cuyo recorrido tuvo una baja sensible: el insigne guitarrista rítmico, Malcolm, que se desligó para pasar una temporada en rehabilitación alcohólica —en el intertanto siendo reemplazado por su propio sobrino pocos años menor, Stevie, que desde 2014 volvió a ocupar aquel sitio. Pero aquello fue una situación temporal; aunque se sumó la partida del baterista Simon Wright, quien se fue a la banda de Dio. La vacante que fue llenada por el veterano Chris Slade, quien tuvo trabajos previos con Tom Jones, Manfred Mann’s Earth Band —principal razón por la que fue convocado por AC/DC; largo currículo que también incluyó pasos por Uriah Heep, David Gilmour o The Firm. Su importancia fue mayor, añadiéndosele una potente pegada como nunca la tuvieron antes; además de retornar, por segunda vez, en 2015.

Esta nueva encarnación le dio forma a The Razors Edge, el onceavo título del catálogo internacional y publicado en septiembre de 1990. Cuyas primeras sesiones comenzaron en la irlandesa Dublín, en el Estudio Windmill Lane que hizo famoso U2, excepcionalmente se prescindió de Brian Johnson para el proceso creativo —el vocalista teniendo que lidiar con un divorcio; la labor recayendo en los hermanos Young, ya con Malcolm de regreso. Pronto terminarían despachando el gran hit de la entrega: Thunderstruck, un clásico instantáneo e himno de grandes arenas y estadios, al que se le saca mucho provecho en vivo —el clip, que tomó por localía la londinense Brixton Academy, ya daba idea de su potencial. El que además fue el single promocional inaugural, buscó un nombre que impactase de lleno —como Powerage o Highway to Hell; encontrando la respuesta con aquello del trueno, muy idóneo para ellos —el cual siempre adornó el logo de la banda. Han sindicado a ThunderStreak, una compañía de juguetes de cuando eran pequeños, como fuente de inspiración.

Lo demás es lo que se puede esperar del ADN de AC/DC: lascivia mezclada con humor, como Shot of Love y el toque navideño de Mistress for Christmas. Las aceleradas Fire Your Guns y Rock Your Head Out, o el monolítico y pesado tema homónimo. Moneytalks le correspondió ser otra alta factura; y que para la portada del single, apareció el guitarrista dentro del billete de 50 libras esterlinas. Pero prosperó más el suvenir del billete de dólar, también con su retrato; siendo parte importante del tour, este Angus Bucks cayendo en masa por encima del público —quizás siendo por este elemento que se transformó en el único Top 30 que tienen en Estados Unidos. Canción a la que el aludido se refiere como una mofa para con “los ricos y sin rostro, los tipos con trajes que fuman habanos y disfrutan de sus lujosos estilos de vida” —perfil de persona que remataron en Got You by the Balls.

Are You Ready, el último de los singles, y su video carcelario de tono azulado terminó por perfilar la imaginería promocional: los melenudos, rapados casi al cero, que en la nuca conservaron unos pocos cabellos que formaban el logo de AC/DC —el resto de la colección siendo completada por los medios tiempos Let’s Make It, If You Dare y Goodbye and Good Riddance to Bad Luck. Con una pulida producción, de vibra radial que no perdió agresividad, a cargo del canadiense Bruce Fairbairn —saliente de cuatro batatazos mundiales, dos de Bon Jovi y dos de Aerosmith; que los terminó de convencer para arribar al Estudio Little Mountain Sound de Vancouver, y con una sola frase que le dijo a Malcolm: “Quiero que AC/DC suene como cuando ustedes tenían 17”.

Una entrega filosa y brillante, tal como la portada plateada, que los volvió a colocar en las primeras planas. La mejor muestra siendo que al año siguiente volvieron a encabezar la cita mundial, la más importante de aquel momento, que fue el Monsters of Rock del Castillo Donington; cuyo video del concierto terminó engrosando el catálogo oficial —un escenario que conocían muy bien, ya habiendo sido la atracción principal para las ediciones de 1981 y 1984. El éxito de The Razors Edge les brindó el beneficio de la calma, disfrutando del merecido sitial intocable que les correspondía; ya sin ninguna presión de publicaciones periódicas, descansando por un lustro —o inclusive algunas veces más; para volver a tomárselo todo por asalto.