Disco Inmortal: Gorillaz (2001)

Disco Inmortal: Gorillaz (2001)

El debut del cuarteto de hologramas sorprendió a la industria y a los fanáticos totalmente desprevenidos. Si uno mira hacia atrás, la teoría para su irrupción era sencilla: en el pop, y en los ’80 y ’90 como práctica habitual y fundamental para el mainstream, siempre aparecían  bandas armadas por productores, y Gorillaz entraba de pronto como la más prefabricada de todas. Sin embargo, de inmediato el mundo hizo eco de la extraña propuesta en los años más confusos para Damon Albarn, tras la pausa impuesta por Blur. En Inglaterra, en tanto, comenzaba el reinado de Coldplay y el britpop dejaba atrás sus días de gloria, por lo que el contexto era ideal para sacar del sombrero alguna sorpresa; y justamente eso es lo que hicieron Albarn y el dibujante Jamie Hewlett al crear una agrupación virtual con personajes animados y muy enigmáticos, mucho más que varios artistas de carne y hueso.

2-D (voz), Murdoc (bajo), Russel (batería) y Noodle (guitarra y voz), eran la imagen, pero Damon Albarn era quien estaba detrás del proyecto musical denominado “Gorillaz”, cuyo debut discográfico se produjo en marzo de 2001 con la consigna de hacer de cada canción  una experimentación, de buscar el desarraigo de la fama para dar relevancia a la plenitud de la emoción y, por sobre todo, de permitir el lucimiento de un nuevo lado creativo de  Albarn, post Blur. El álbum varía en estilos y otorga a cada tema un tratamiento sonoro especial. Hay britpop en “5/4”, pasando por “Sound Check” y un trip hop lleno de scratchings y efectos que la han transformado en una de las mejores canciones del estilo, de siempre. Está el hip hop y  dub de “Rock the House” en el que Russel se luce con la batería, o “Tomorrow Comes Today” y ese aire siniestro que critica a la tecnología y nos habla de un ciberespacio donde nada es real. “Latin Simone” es sorprendente, al punto que  la voz más reconocida de Buena Vista Social Club, Ibrahim Ferrer,  verbalizó este psicodélico tema de ritmos latinos. Ésta última podría resumir bien la esencia del álbum, pero además explicita bien la redefinición del concepto “proyecto paralelo”, normalmente reservado a las aventuras musicales de las estrellas y que poco destacaban en lo  comercial. “Double Bass” y “Man Research (Clapper)” dejan en evidencia a un Albarn en pleno control de sus habilidades de experimentación, al tiempo que “Clint Eastwood” obtuvo un enorme reconocimiento al ritmo de varios samples de películas del prestigioso actor, donde el aullido inicial es una especie de parodia a la que se escucha en “El Bueno, el Malo y el Feo”. La canción tiene varias capas que permiten al rapero Del Tha Funke Homosapien, lucirse en uno de los clásicos absolutos del siglo  XXI.

No cabía duda que Damon Albarn era un gran talento compositivo, pero acá aumentó el registro de su genialidad y sumó sus dotes al arte visual de  Hewlett para diseñar una obra que popularizó el concepto de “virtual”. En lo musical, el eclecticismo permitió al músico y estandarte del britpop sentirse libre para desarrollar  sus ideas, sin estar atado a las obligaciones que sostenían a Blur.

La portada del disco muestra a los “músicos” sobre un “geep” (juego de palabras con “jeep”) militar con cierta actitud desafiante. El resto de la definición de sus personalidades la pondrían los clips que hicieron para varios temas y que eran favoritos en MTV.

 

“Gorillaz”, el álbum, fue un momento único. No tenía por dónde capitalizarse y sin embargo, se volvió un exitazo de ventas y crítica. Significó, además, un gran paso en la carrera de Damon Albarn porque es muy significativo en lo musical y, por derecho propio, “Gorillaz” y Albarn pueden decir que cambiaron un paradigma y estuvimos ahí para ser testigos.

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