Disco Inmortal: Pink Floyd – Wish You Were Here (1975)

Disco Inmortal: Pink Floyd – Wish You Were Here (1975)

Desde el comienzo de los 70’s, todo fue ajetreado para Pink Floyd; con contundentes publicaciones periódicas, y cuya coronación no fue otro que The Dark Side of the Moon (1973) —teniéndonos indiscutidamente en la cima. Por ende, su siguiente paso debió ser tomado con cautela, para que estuviese a la suficiente altura de la situación; en lo que sería el 9° disco de estudio. Producido por la misma banda, y grabado como casi de costumbre en Abbey Road, Wish You Were Here llegó el 12 de septiembre de 1975.

Lejos de tratarse de una secuela desinflada, que sucede a un impacto de dimensiones superlativas, brilla con luz propia; y que es uno de los pilares del implacable periodo dorado. Desde todo punto de vista, comenzando con el estrechón de manos literalmente en llamas de la portada —que tiene una contraparte mecánica al reverso. Lleva la marca indisoluble, en clave nostálgica, del otrora líder de la agrupación: Syd Barrett —fallecido en julio de 2006; esta entrega orbitando conceptualmente en él, tras ser expulsado siete años antes —cortesía del abuso de drogas, que muy pronto lo dejó en el umbral de la locura.

Y es así desde el primer momento con la pista que inicia, y que de paso le dio un nuevo apodo: diamante loco. Aquello en referencia a la primera parte de Shine on You Crazy Diamond —en que además puede leerse el nombre del guitarrista, formado por tres de las iniciales. Que nada más en esta primera pasada se empina por sobre los trece minutos, mucho de esa aura introductoria echándosela al hombro las teclas de Richard Wright —fallecido en septiembre de 2008; que sin ir más lejos este es su indiscutible peak creativo, yendo a la baja en futuras producciones. Pero seguido muy de cerca por las seis cuerdas del brillante David Gilmour, en un pausado riff que pasó al inconsciente colectivo. Una larga tanda instrumental, Roger Waters y Nick Mason de escuderos en la base rítmica, cuyas primeras líneas vocales parten casi al noveno minuto; efímeras pero cargadas de significancia, recordándole cuando “era joven y brillaba como el sol”. Y que hacia el final asoma el saxofón de Dick Parry, quien con anterioridad endosó los temas Money y Us and Them —ambos de 1973.

Welcome to the Machine lanzando dardos a las personas detrás del manejo de Pink Floyd, que de una u otra forma ayudaron al colapso de Barrett —junto con, esa máquina, tratarse de todo lo que envolvió la industria musical que lo reventó. Tópico vuelto a tocar en lo que le continuó: Have a Cigar —el único single promocional que le dio lugar a Roy Harper, cantante folk, en la voz principal. Ambos temas siendo los que le dan forma al concepto de la ya mencionada portada y contraportada —habitualmente adjudicada a Storm Thorgerson, parte del colectivo Hipgnosis.

El tema homónimo, Wish You Were Here, una apacible balada acústica no necesita mayor presentación —antecedida por sonidos de radio. Una que ha sido ocupada hasta el cansancio por toda persona, mérito del potente mensaje que entrega; y que Waters para componerla, en colaboración con Gilmour apostado en la guitarra de doce cuerdas, se basó en algo escrito con anterioridad por Barrett —que finalmente regresó a él. La bajada de telón, en tanto, le corresponde a la segunda parte de Shine on You Crazy Diamond; casi tan extensa como la primera. Con versos menos conocidos, en contraposición con su antecesora, vuelve a relucir la tarea de Wright tras el teclado; en la misma modalidad de columna vertebral para anteceder la última arremetida.

Un trabajo sólido que siguió la buena senda, continuando la etapa dominante de Pink Floyd —para luego añadírsele Animals (1977) y The Wall (1979). Pero, siguiendo la tradición, también contó con un velo de misterio; o en este caso puntual misticismo. Ello porque el tributado de esta entrega, apareció en el estudio para las fases finales del disco —para ese entonces mezclándose Shine on You Crazy Diamond. Pero en una primera instancia no siendo reconocido por ninguno de sus antiguos compañeros —debido al sobrepeso, calvo, y cejas por completo rasuradas; con un comportamiento errático, entre algunas cosas diciendo que fue para aportar en lo que fuese, que terminó de noquear a Waters. Y tal como apareció allí, se retiró sin siquiera despedirse de nadie; no volvieron a verlo. Para ese punto el material estaba ya hecho; pero la visita se especula que gatilló la inclusión, por sobre el final del último tema, un extracto de See Emily Play —una de las composiciones más recordadas de Barrett, para el que fue el primer disco: The Piper at the Gates of Dawn (1967).

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