Interpol: el privilegio de un respiro

Interpol: el privilegio de un respiro

En medio del estallido social que vivimos, ha habido muy pocos espacios que se han mantenido inalterables. En ese sentido, la nutrida agenda musical santiaguina, esa que casi no da descanso y que vacía las billeteras de los fanáticos a punta de valores, muchísimas veces, exagerados, sufrió el remezón que la sociedad chilena se dio a sí misma y a sus autoridades, derivando en la cancelación de muchos conciertos agendados entre octubre y noviembre por motivos de seguridad pública.

Como un breve alto dentro de una rutina contradictoria y sin sentir, en absoluto, que la confirmación del show de Interpol significaba una “normalización de la agenda”, la banda neoyorkina cumplió con la fecha agendada hacía meses y salió al escenario pasadas las 20:10 hrs, un muy buen horario para empezar un concierto y que debería ser más considerado por las productoras, a enfrentar las ansias de un repleto teatro Caupolicán que, igualmente, marcó presencia con la contingencia gracias a un par de carteles que repudiaban al presidente y con el cántico de “el que no salta es paco” tomándose el ambiente en más de una ocasión.

Con su habitual vestimenta en negro, las bestias del indie que marcaron el comienzo del siglo con un sonido que sigue más que vigente, salieron a golear. Paul Banks, Daniel Kessler, Sam Fogarino y compañía fueron recibidos con una ovación a pesar de haber estado en Chile hace un par de meses, en Lollapalooza, donde no sobresalieron del todo presentando un show corto y un setlist algo desconcertante. En aquella ocasión, señalamos que Interpol es una banda más íntima y que cuando volvieran al espacio cerrado y en comunión con su público, se sentiría su valía. Y lo comprobamos. En esta quinta presentación en suelo nacional, regresaron con la gira de sus últimos lanzamientos “Marauder” y “A Fine Mass”, aunque el setlist final resaltó los viejos estandartes de “Turn on the Bright Lights” y “Antics”. Con un Paul Banks en tono nostálgico, más una electrizante instrumental, el show fue energía y catársis enmarcada en el sello de sofisticación que les caracteriza.

Nos transportaron hasta 2004 con “Evil”, la excelente “Narc” y “Slow Hands”, mientras que el ánimo se fue a las nubes con el post-punk de “NYC”, “PDA”, “Obstacle 1”, “Untitled” y “C’mere”, para avanzar hasta el presente y deslumbrar con “The Rover”y “If You Rally Love Nothing”, de la producción más actual, la que les sigue dando fuelle dentro de la escena rock. “Es un honor compartir esta noche con ustedes” decía Paul en su perfecto español, mientras nos regalaba los acordes de la gran “Lief Erikson”, tema que llevaba meses fuera del setlist. Los gritos resonaban como respuesta, brincos, manos al aire y movimientos de cabeza tampoco faltaron, por que no necesitan ser elocuentes en discursos para afianzar su sello en una noche especial, aquella del respiro para los privilegiados que no sufrieron con la cancelación del show; cada tema ofreció un espacio para la necesaria liberación mental del ciudadano, un hombro amigo en el cual apoyar esas resilientes cabezas.

Elegancia y rock mezclados con el ambiente de cánticos emanados desde la galería, más un setlist que destacó la historia y un horario excepcional para empezar, marcaron este refresh de lo que era vivir un buen concierto en un Santiago al límite. En 17 temas, Interpol dio una interpretación sobria pero a la altura de las expectativas, ofreciendo su tradicional paseo por su universo melancólico y afianzando aquello de que la música ofrece el privilegio de un respiro para retomar el aire. Paul y sus compañeros podrán contar que tocaron su indie en medio de una revolución social. Sino, que lo diga el mejor ejemplo que se pudieron llevar: el estandarte nacional con la leyenda “Chile is a barricade”.

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