Phoebe Bridgers en Primavera Sound Santiago: La magnificencia de la sinceridad en tiempos de melancolía

Phoebe Bridgers en Primavera Sound Santiago: La magnificencia de la sinceridad en tiempos de melancolía

Terminado el show de Interpol, el público parece no querer moverse. La verdad es que ante la genialidad de Lorde, la espera no parece tan compleja. Sin embargo, un buen número de asistentes corren a gran velocidad en dirección a Santander Stage, porque sí, ahora nuestra cita es con una de las artistas más jóvenes de la escena indie pop, pop-folk.

Con una estruendosa entrada metalera con riffs de Disturbed, el que acompañado de tipografías similares a las que se utilizan en el mundo del deathcore, Phoebe irrumpe en escena con especial candidez y ternura, haciendo que estos elementos iniciales, se transformen en profundas ironías al puritanismo estilístico, e incluso, masculinamente tóxico.

Sin esbozar una palabra, Phoebe Lucille toma la guitarra acústica y comienza por los primeros acordes de “Motion Sickness”, ganándose de inmediato los corazones de las y los asistentes de su show. Le secunda “Garden Song, el interludio “DVD Menu”, para luego encontrar perfecta armonía para romper el manto de distancia con un sutil “What’s up?”.

“Kyoto” se transforma en el track que es coreado por la totalidad de las y los asistentes del show de Phoebe Bridgers. Con total simpleza nos pregunta: “Someone have daddy issues?”, y bueno… la verdad es que esa fibra siempre ha sido una herida abierta.

El show transcurre en introspectiva calma. Sin embargo, cuando Phoebe baja del escenario, la calma se transforma en emoción, la emoción en admiración, y la admiración en cariñosas expresiones de afecto, puesto que nos encontramos con una artista tan carismática como audaz, y tan sincera como valiente, ya que ante miles de personas no duda usar un pañuelo verde en su micrófono, ni tampoco teme enunciar aquello que para ella debe ser un derecho garantizado: acceso al aborto en todas sus causales.

Terminamos esta presentación con “I Know The End”; terminamos entonando que nuestro final está acá. Nos despedimos en perfecta vulnerabilidad; nos despedimos con el corazón en la mano y a los pies de la ideóloga de “Punisher”, quien con perfecta inteligencia, nos regaló más de 60 minutos de un viaje en el que la ternura dialoga con nuestras historias más profundas.

 

Karin Ramirez Raunigg

De música, libros y otras cosas.

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