«Trabajar en aleros autogestionados ayuda a entender cómo solucionar más rápido ciertas cosas y no decaer»: Entrevista con la directora y documentalista Susana Díaz

«Trabajar en aleros autogestionados ayuda a entender cómo solucionar más rápido ciertas cosas y no decaer»: Entrevista con la directora y documentalista Susana Díaz

Dentro de las diferentes formas de registro artístico, el documental y las series se posicionan como algunos de los formatos favoritos de quienes disfrutan de conocer más acerca del trabajo e historia de sus artistas favoritos. En Chile no estamos exentos de directores que se han encargado de filmar diversos aspectos de bandas y músicos nacionales, desde distintos enfoques y revelando propósitos variados. Uno de los mejores ejemplos de ello es el de Susana Díaz, directora, productora y documentalista que ha desarrollado su trabajo en distintos proyectos fílmicos asociados al hardcore, a la música under nacional y al levantamiento de la escena femenina.

En el marco de una nueva edición del festival de cine documental In-Edit, pudimos conversar con ella respecto a dos producciones de su autoría que se presentan en la programación de este año: «Bestiario del Rudio» (documental que narra y expone registros gráficos de bandas destacada de la escena under chilena, como Marcel Duchamp, Dadalú, Asamblea Internacional del Fuego, Colombina Parra y más) y «Sonidos en mí» (serie que registra testimonios y presentaciones de mujeres y disidencias del panorama musical chileno).

-¿Cómo se forjó tu vínculo con la escena musical autogestionada y cómo influyó para el desarrollo de los trabajos audiovisuales que has realizado hasta ahora?

Tenía un par de amigos en el colegio que iban a unas tocatas que se hacían en el Cimarrón, en la tarde. También tenía otros amigos que iban a tocatas punk en lugares como Lo Espejo; en lugares más grandes. Ahí empecé a ir a tocatas y me gustó mucho el ver música en vivo. En ese entonces no había tantos shows en estadios y tampoco había muchos locales para tocar. Recién se estaba volviendo a una idea más libertaria de espacios culturales, con una supuesta democracia que nunca llegó del todo. Entonces había una conexión política respecto a que se creía que la juventud estaba en estos programas de televisión de la época o en el mall. Eran dos cosas que habían llegado súper fuerte, y todo lo que estaba afuera de ese sistema se forjaba en espacios subterráneos que venían de los 80 que, luego de haber decaído un poco, se regeneró en espacios pequeños donde toda la gente se conocía, como el Taller Sol.

En estos lugares uno podía conocerse con la gente, intercambiar cassettes y hablar sobre música. Ahí comenzó a forjarse todo. Pude ver la primera explosión de fanzines y cómo estos amigos interactuaban con gente de Argentina o Uruguay con quiénes compartían discos, además de poder tener acceso a auto-producciones de otros países y eso me llamaba mucho la atención. Estaban las primeras chicas que escribieron fanzines sobre veganismo y animalismo; ciertas ideas súper deconstructivas respecto a los espacios comunes. Asocié esta auto-producción a un trabajo que yo también podría realizar desde el cine, ya que luego de entrar a estudiar la carrera, recibía muchos comentarios sobre producciones gigantes, pero yo pensaba que uno también podía auto-producir junto a los amigos.

Todo esto fue a fines de los 90, cuando se quebró la escena hardcore y venía la nueva camada de bandas con Asamblea Internacional del Fuego o Marcel Duchamp. Fue la época en donde vi más bandas, yo creo.

-“Bestiario del Rudio” contempla a bandas activas en las décadas del 80, 90, 2000 y en la actualidad. ¿Qué nos puedes comentar respecto a la investigación que realizaste junto a Leyla Manzur para este trabajo?

Fue súper interesante el trabajo que hicimos con Leyla. Ella es una periodista bastante melómana. Nos conocimos a través de una revista de cine. Ella no entró desde los orígenes del proyecto, sino que se integró cuando ya estaba todo más armado con la última postulación que hicimos. Originalmente había empezado a trabajar en el proyecto con Hernán Angulo (productor de Celadores, que falleció en 2018) y teníamos la idea de hacerlo más autogestionado, con aporte de privados y sin tanto fondo de por medio, ya que él era muy buen productor y había movido hartas cosas. El proyecto se fue estancando, y ahí apareció Leyla. La invité para que se sumara a la investigación y empezamos a trabajar. Ella es diez años menor que yo, pero le gusta la música muy vieja. Me abrió otras ideas respecto a quiénes podrían incorporarse al relato. Yo tenía a bandas más asociadas al hardcore, como Familia Miranda, Gangrena Surf, Asamblea Internacional del Fuego o Marcel Duchamp, pero faltaban mujeres. Leyla se dio cuenta de esto y me recomendó Malcorazón, donde cantaba Cathy Lean. La empezamos a escuchar juntas y la sumamos. Lo mismo con Dadalú, donde Leyla me mostró más del trasfondo de su trabajo a profundidad.

También pude recibir aportes de otros amigos que me hablaron de Tercer subterráneo, por ejemplo, que era una banda muy antigua de gente que conocí en la Academia de Humanismo Cristiano. La empecé a escuchar y me pareció súper interesante.

Desde los inicios de Bestiario, con Hernán, empezamos a tirar líneas que iban más orientadas al hardcore. Habíamos pensado en bandas de culto en la escena under, y que habían logrado generar una escena, que es lo que pasa con Marcel Duchamp o Familia Miranda, que se mueven como una colectividad. Se generan lazos súper importantes cuando se organizan tocatas, y esto responde un poco a eso. El documental cambió a un punto de vista que analiza el cómo es llevar una banda, la auto-producción y otras aristas de los artistas donde todos comparten un lugar por la independencia, y un desprecio al mercado tan lapidador de la música. Esta escena tiene un grupo con fans reales que siguen a las bandas, a diferencia de artistas más comerciales que tienen más publicidad o manejo de redes sociales, pero que carecen de esto. Es súper distinto ir a ver a una banda de esa categoría, en contraste a ir a una tocata under donde puedes comprarle el disco a las mismas personas que tocan, junto con conversar con ellos. Se produce algo más humano.

-¿Cómo fue mutando el hilo narrativo del documental? ¿Hay algunas bandas que hayan quedado afuera de la selección final?

En un comienzo estaba la posibilidad de hacer algo que, más o menos, contara la historia de las bandas. Pero en el transcurso del proceso no lo quise hacer, porque paralelamente ya estaba en eso con “Sonidos en mí”, que es más expositivo y trata hacer un recorrido más cartográfico de las bandas. Las preguntas comenzaron a tomar otras búsquedas y empecé a pensar desde un lugar más desde la conversación, y que el material de archivo de cada uno fuera armando cada capítulo, para que, de esta forma, cada uno tuviera una independencia.

Por ejemplo, el capítulo de Familia Miranda contiene registros míos de diez años atrás además de material que me envió Katafú, con fotos y videos. Sentía que el material me empezaba a hablar de ellos sin yo tener que introducirlos. Las entrevistas son registros de auto-entrevistas de una ocasión en que les pasé una cámara y les dije que se auto-entrevistaran.

El capítulo de Marcel Duchamp también es puro archivo. Ese fue el piloto, y se fueron mostrando aspectos de la amistad que tienen como grupo y que importa más que cualquier cosa. Había hecho un video para “Perro del Hombre” y hay harto material que es bien bonito. Tal vez se pierde un poco esa médula política del gran letrista que es Joaco, pero sentí que en ese material había algo que no se nota mucho, que es la amistad; esa sensibilidad que nace desde el compartir.

Con Asamblea Internacional del Fuego hay una entrevista actual a Emilio, que es un súper letrista y un tipo muy lúcido. Es muy bueno lo que dice en ella respecto al fin de las cosas y el fin de la banda. Me cedieron un material de archivo de su última tocata en la USACH que es muy hermoso y que se complementa muy bien con otros videos.

En el caso de Colombina, había hecho un capítulo de ella para “Sonidos en mí” que ya hablaba de sus éxitos, por lo que no quería hacer lo mismo, por lo que lo tomamos desde el presente y sus últimas producciones. Se nota mucho en cada capítulo que hay una humanidad muy grande de parte de los músicos.

Una de las bandas que quedó afuera de la selección fue Congelador. No alcanzamos a sumarlos en la temporada anterior por motivos de postulaciones a fondos, pero sí los integramos para lo que se viene. No sabemos si nos adjudicaremos los fondos, eso sí, pero hay que seguir. Las platas estatales son de todos y hay que recuperarlas. Si no sale eso, de todas formas se puede autogestionar. Todos los fondos son buenos, pero creo que lo importante es no traicionarse ideológicamente a uno mismo.

Hay banda que por tonteras quedaron afuera, como Animales Exóticos Desamparados o Tomasa Del Real. A veces las cartas de compromiso que se necesitan de parte de los músicos para poder postular no llegan, y hay que enviar la postulación con lo que se tiene.

-Muchos de los proyectos que aparecen en el documental llevan más de diez años tocando. Sin embargo, aún son catalogados de emergentes en algunos casos. ¿Qué se te viene a la mente cuando piensas en esto, luego de conocer a fondo la historia y el trabajo de las bandas?

Me voy a agarrar de las palabras de Dadalú, quien se refiere a esto en su capítulo. Da un poco de lata porque no son bandas emergentes. Son personas que han forjado una carrera hace muchos años. Me carga la palabra. Quizás hay bandas que se autodenominan de esa forma, pero yo creo que al usarla se rebaja el trabajo de la gente. Puede que también haya una desinformación de parte de los periodistas al usar este término con bandas que llevan tocando diez años, pero que no han estado en una instancia masiva, por ejemplo, ya que no consideran todo el trabajo reflejado en producciones editadas en material físico y todo lo que eso implica. Es una palabra fea, pero siento que son cosas que suceden por estar en el under.

-¿Qué sientes cuando bandas que tienen un espacio tan bien ganado en el under pueden exponer su trabajo en instancias más grandes? Como fue el caso de Familia Miranda en Primavera Sound

Creo que es bacán para cualquier banda el poder entrar en el circuito de instancias más grandes, mientras se pueda seguir también en espacios pequeño. Es un poco lo que me pasa con las películas. Si puedo entrar en un lugar donde hay más promoción y el trabajo puede verse más, está súper bueno, que es el caso de In-Edit. Pero eso no significa que la obra no vaya a estar en otro lugar que pueda ser una casa okupa o un centro autogestionado. Creo que hay que estar en todas partes, y en el caso de Familia Miranda, siento que gracias a eso pueden venir de gira. Siempre en lugares más grandes se restringen algunas libertadas, como promocionar otras fechas, entonces es algo más o menos penca, pero es el resultado de estar lidiando en ambos lugares.

Lo que encontré súper malo de Primavera Sound fue que pusieran a las bandas a las 15:00 de la tarde. Siento que es súper penca. Los show de Congelador, The Ganjas y Familia Miranda estuvieron súper temprano y son músicos súper buenos que podrían haber estado más tarde.  Siento que los festivales, a veces, son como una especie de mall donde te vas moviendo de escenario en escenario, pero las bandas tocan súper poco. Se escucha increíble, eso sí.

Hay que estar donde uno pueda estar y mostrar su trabajo. No me parece una inconsecuencia, ya que algo bueno debería estar en todos lados, ya sea en un escenario grande o en una ciudad chiquitita.

-Formas parte de la directiva de “Sonidos en mí”, que reúne el trabajo de mujeres y disidencias en la música y abarca géneros variados. ¿Qué nos puedes comentar acerca del proceso de investigación para dar con la curatoría de la serie?

“Sonidos en mí” es un proyecto que tenemos con Rosa Angelini, que es la productora. Pensamos súper distinto, pero se arma una curatoria interesante entre las dos. Hay artistas que ella propone, y otros que propongo yo súper distintos en estilo. Siempre pensamos que la serie fuera como una cartografía donde se pudiera encontrar toda la música de producción local femenina, desde Francisca Valenzuela a Rizoma Alzada, que son absolutamente distintas, y que en una página web se pudiera buscar todo por género y que se pudiera hacer un mapa risomático de la producción femenina y de disidencias en Chile. Todavía no lo hemos logrado, pero tenemos un canal de YouTube con toda la primera temporada. Lo que se verá  en In-Edit es una selección de siete capítulos donde no hay una unidad fílmica como en Bestiario.

Hay relatos muy potentes, como de Colombina Parra o Denisse Malebrán, porque son músicas que estuvieron en sellos grandes en los 90 y que fueron muy maltratadas en su momento, donde no había un auge del feminismo tan fuerte como ahora, por lo que tuvieron que tener mucha actitud para sobrellevar la situación. Creo que es un aporte muy importante para la historia que se relaciona con lo hecho por mujeres en la música.

También hay otros capítulos como el de Kinética o Rubio donde se habla más desde la creación de la música. Se ve una gama súper diferentes de forma de creación y creo que ese es el potencial de Sonidos en mí, además de enfocarnos en difundir el trabajo de la música femenina y de disidencias.

Hicimos un capítulo de Las Indetectables, ya que me he vinculado un poco a ese lugar de la disidencia sexual. Es un capítulo súper censurado, pero la producción ha apoyado todo el rato, ya que creemos que es un capítulo bueno que debería mostrarse en todos los lugares de la forma que sea. El capítulo lo grabamos antes del incidente del banderazo, y pensamos que no podríamos difundirlo para no perjudicar a las músicas. Pero lo hicimos y fue algo muy bonito.

Con Rosa compartimos la idea de defender cosas que nos parecen importantes, como un rescate de la memoria en un contexto que está fuera de todo, ya que hay algunos casos que son como “la disidencia de la disidencia”.

Ha sido súper difícil integrar el contenido de la serie a algunas instancias, por lo que es bacán que podamos hacerlo en In-Edit. Se tiende a pensar que el contenido al ser feminista es separatista, pero no es así.

-Has trabajado en más de un proyecto audiovisual a lo largo de los años. ¿Cómo ha sido tu experiencia dando vida a estos trabajos en un país como lo es Chile, y cómo la autogestión sigue viéndose reflejada en ellos?

“Supersordo. Historia y geografía de un ruido” fue mi primer trabajo. Lo quiero mucho. A veces lo veo y no sé si me gusta tanto, pero le tengo mucho cariño al proceso, ya que fue hecho con amigos dándolo todo. Me ayudó mucha gente y estaré siempre agradecida de ellos. Haber hecho ese trabajo de esa forma me enseñó al trato humano con las personas y a tener el deseo de terminar las cosas; no frustrarse porque no salen en un año. Los documentales son procesos largos, con o sin plata. Con fondos se pueden financiar las etapas, y sin ellos por lo general se trabaja en los ratos libres. Es súper desgastante, pero es bacán poder filtrar el sistema y entrar a festivales o competencias para que la película se vea. Tal vez no siempre está la plata, pero siempre he trabajado con gente muy profesional que ama lo que hace, así como lo hago yo también.

Se aprenden de los errores. También se aprende que es bueno tener un productor, porque producir y dirigir es muy desgastante. Cuando se adjudica un fondo, aún así la auto-producción sigue igual, ya que si bien hay un sueldo (súper bajo), la mitad del sueldo se va para costear cosas que no cubre el fondo y se hace mucho trabajo. Hay un financiamiento que sirve para pagar sueldos, que no son tan altos, pero aún se sigue autogestionando el proyecto para levantarlo. Se hacen muchas cosas, y toda la experiencia inicial me sirvió para saber cómo hacer las cosas y encontrar soluciones a problemas. Trabajar en aleros autogestionados ayuda a entender cómo solucionar más rápido ciertas cosas y no decaer.

También, a veces aparecen personas que contribuyen a modo de regalo realizando algunos servicios como la post-producción de sonido o imagen, pero es porque saben que el proyecto va a salir en algún momento y que habrá gente interesada en verlo. Y eso es producto de todo el trabajo de años.

-Tras haber tenido la posibilidad de trabajar con un gran número de proyectos musicales, ¿Hay alguna banda o proyecto que tengas en el tintero con la que te gustaría realizar algún proyecto?

Postulamos la segunda temporada de Bestiario con muchos artistas interesantes. Está Tobias Alcayota, Dolorio & los Tunantes, Agnes Paz o Columpios al Suelo. El otro día conocí a Lalo Meneses y me gustaría trabajar con él en algo de Panteras Negras o su relación con Tiro de Gracia. Con Congelador también me gustaría trabajar. Hay algunos proyectos inconclusos, como un documental de Familia Miranda más extenso. Me gustan los trabajos que recogen experiencias de los 90 y se centran en discursos políticos fuertes en la actualidad.

Sería interesante también armar alguna alianza para trabajar con algún proyecto de afuera. Creo que sería muy bueno. El otro día vi a Arca en Primavera Sound y me pareció algo muy interesante. Lo mismo con Boy Harsher, y trabajar con proyectos así sería increíble, además de lo difícil que resultaría.

En la música urbana hay cosas muy interesantes, y aunque es un mundo que desconozco, pero que políticamente es bien complejo. Me interesa investigar la música en general y cómo se cruza con la historia y la política. Gracias al documental que realizó un alumno en un taller donde soy profesora, pude conocer muchos artistas que no conocía, y se va entendiendo otro lugar de la música. No todo es hipersexuado o ver narcos. Es importante saber desde dónde investigar y cómo tomar a las generaciones más nuevas. Hay que explorar y ver qué aparece.

«Bestiario del Ruido» se proyectará este viernes 9 de diciembre en GAM a las 20:00. La inscripción es gratuita, y la función contará con un conversatorio moderado por el periodista, escritor y productor David Ponce, junto a Emilio Fabar (vocalista y letrista de la banda Asamblea Internacional del Fuego)

Javier Bravo

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