Conciertos que hicieron historia: AC/DC – Monsters of Rock Moscow (1991)

Conciertos que hicieron historia: AC/DC – Monsters of Rock Moscow (1991)

El gigante de europeo, cuando todavía era conocido como Unión Soviética, se abrió a los conciertos de rock occidentales desde 1988; incluso ya teniendo a su haber una mega cita —Moscow Music Peace Festival (1989). Pero una vez que cayó la bandera del martillo y la hoz, se le encomendó la misión de abrir los fuegos inaugurales a un Monsters of Rock; fechado para el 28 de septiembre de 1991, en el Aeródromo Túshino. De aquel cartel mucho se ha hablado sobre las presentaciones de Metallica y Pantera, con justa razón, pero se termina pasando por alto la atracción principal: AC/DC.

La agrupación australiana, tras perder impacto durante buena parte de los 80’s, retomó la aplastante senda con The Razors Edge (1990); que tan sólo unas pocas semanas antes, de aterrizar en Moscú, los tuvo encabezando el Monsters of Rock de la localidad del Castillo Donington; por entonces el encuentro líder por antonomasia —sumándosele, en el intertanto de esta gira festivalera, otras 17 funciones por el viejo continente. Rusia asignándosele el broche de cierre, cita de naturaleza gratuita; en la que se estimó una asistencia cercana al millón y medio de personas, quienes también vieron pasar a los locales E.S.T. y The Black Crowes.

Jornada de alto impacto por razones externas, debido a que el ambiente político estaba agitado; habiendo ocurrido, el mes anterior, un fallido intento de golpe de Estado para re-establecer la Unión Soviética. Pero poco importó cuando se apagaron las luces, primando la algarabía para la aparición de Angus Young y compañía; apreciándose en el home video For Those About to Rock: Monsters in Moscow (1992), que recoge fragmentos de cada banda. Pero terminó habiendo acceso a las presentaciones íntegras en formato inédito, AC/DC no escapando de ello.

Y este último registro es sacado de la proyección de las pantallas gigantes; opaco y deslavado, con el imponente escenario casi sin reflectores que lo resalten —valiéndose sólo de tiros de cámara cerrados; dando la sensación de que estuviesen tocando en algo no mayor que una arena estándar, donde apenas se distinguen los muñecos inflables en Hell Ain’t a Bad Place to Be y Whole Lotta Rosie. Pero lo cierto es que allí todo fue colorido, brillante y de dimensiones colosales: AC/DC haciendo gajes de oficio, poniendo los puntos sobre las íes, siempre cómodos sobre las tablas; sabiendo cómo llevar un show de grandes audiencias, un rock puro y directo que no se presta para dobles lecturas.

Bordeando los 100 minutos de duración, que contabilizaron 16 canciones, sonaban todavía más pesados que de costumbre, cortesía del nuevo baterista Chris Slade. El conocido striptease del guitarrista en Jailbreak, la campana a la que se da mazazos en Hells Bells, o los cañones disparándose en For Those About to Rock; enmarcaron una experiencia completa en la que ha sido, hasta la fecha, su única incursión en el país —The Jack y Whole Lotta Rosie, a posterior, figurando en el compilado AC/DC Live (1992); coincidiendo que también fue el único Monsters of Rock efectuado en esas latitudes, quedando como un hito imbatible.