Conciertos que hicieron historia: Metallica, S&M (1999)

Conciertos que hicieron historia: Metallica, S&M (1999)

Tras “Load”, “Reload” y “Garage Inc.” las críticas fueron verdaderos azotes para Metallica. Un sinnúmero de juicios negativos hacían tambalear, de alguna manera, su fortaleza en la industria, mientras los fans de cepa no congeniaban con estos nuevos sonidos a los que viraba la banda. Con cierto hastío acumulado, los de San Francisco tuvieron una idea riesgosa, pero que podía lograr una tregua con cierto sector de la prensa y ofrecerle al fan algo distinto, pero hecho con la materia prima que más adoraban. Muchos ya habían tocado con una sinfónica y el resultado no había sido del todo satisfactorio, pero tomando el ejemplo de grandes óperas rock (Deep Purple, Pink Floyd), Metallica quiso apuntar un nuevo logro en su bitácora con un doble CD que recopiló gran parte de sus mejores temas hasta 1999, con el soporte sinfónico. Así nació “S&M” (S de Symphonic y M de Metallica), el cual brilla por su producción, a cargo de Bob Rock, y un sonido espectacular. La idea fue mezclar temas emblemáticos con la majestuosidad que otorga una orquesta, en este caso, la de San Francisco, dirigida por el experimentado Michael Kramen, quien aportó una fusión que refrescó las canciones del ayer gracias a la instrumentación orquestal.

No podían apuntar bajo, eran demasiados millones de personas atentos a escuchar esta propuesta y dar su opinión. “The Ecstasy of Gold”, con los inmensos acordes de Ennio Morricone, y “The Call of Ktulu”, la cual aumentó la interpretación instrumental y llenó el ambiente de intensidad, predisponían a una entrada sobria y más madura, repleta de tiempos calmos y perfectas para mimetizarse con una orquesta. El primer tema cantado es “Master of Puppets”, pieza clave de la escuela ochentera y que mantuvo la intro fuerte y se hizo potente con solos, arreglos y compases, ganando en todos los aspectos, lo mismo que “The Thing That Should Not Be”, la que recibió un plus mágico que la volvió menos directa y resaltó la labor de Hammett. El cierre, tipo marcha fúnebre con guitarra distorsionada, dio un cariz tétrico y majestuoso a uno de los mejores temas de su discografía. “Fuel” y “The Memory Remains” se volvieron fuertes gracias al elemento clave de un live: el público; los “na, na, na” de la afición dieron un plus para la atmósfera del disco, que enlazó muy bien para la fantástica “No Leaf Clover”, la que sin ser parte de ningún trabajo previo nos asombró por su calidad y remarcó a la orquesta, especialmente la de su sección de cuerda e instrumentos de viento, tanto o más que en Hero of The Day”, la cual ganó una enormidad con los violines y se llenó de sentimiento.

El segundo CD tiene menos presencia noventera y buscó recuperar el espíritu de ayer. “Nothing Else Matters” era número puesto en esta propuesta, gracias a su melodía de balada rock; se conjugó de maravillas con la sinfónica y triunfó en emotividad, en contundencia de los solos, en los punteos. “Until It Sleeps” quedó muy bien mezclada en sus fragmentos duros con los más calmados; los instrumentos de viento le dieron un refresh muy adecuado. El temazo “From Whom the Bell Tolls” también creció gracias al público. Contundencia, oscuridad, la cual fue potenciada por el violín, viola y chelo que se escuchan de fondo. “Wherever I May Roam” y los cambios de voz muy bien hechos. “One” es otra inmensidad potenciada por la sensible melodía de los músicos de Michael Kramen. Bajo y batería se reforzaron con la magia proveniente de los solos de Hammett, con la sinfónica de fondo. “Enter the Sandman” y “Battery” siempre son sinónimo de rabia, poder, enriquecidos ahora por una orquesta acoplada perfectamente a estos himnos que marcaron una etapa machacona y punzante de la música.

Aires de novedad e intención de conmemoración de aquellos éxitos majestuosos de la carrera de Metallica, fueron los objetivos de este trabajo que no propuso pero que refrescó; en lo personal, hubiera sumado más de “Kill’em All” y esa etapa, pero la idea era que la sinfónica no se perdiera entre la rudeza extrema de aquellos temas de inicios de los ‘80. En general, es un trabajo con mérito pues las canciones ganaron en profundidad, en ambientes, en magnitud, dando un respiro a los ataques y regalándole a la banda un poco más tiempo para cranear cómo se enfrentarían al nuevo siglo que ya venía.

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