La nueva cara de Arch Enemy en el fresco “War Eternal”

La nueva cara de Arch Enemy en el fresco “War Eternal”

El anuncio de que Angela Gossow dejaba de ser la voz de Arch Enemy, debe haber sido uno de los noticiones que más remeció al mundo metal en los primeros años de la década 2010. Sin embargo, ella no se alejaría de la banda y tomaría las riendas de su futura planificación, lo que quedó asentado cuando recomendó el fichaje de Alissa White-Gluz como su sucesora. Si bien, a los demás miembros les encantó el ensamble con la canadiense, faltaba darle en el gusto al incisivo fan y a la ruidosa crítica musical, con su debut en la voz de “War Eternal”.

En el disco, cumple su cometido a cabalidad. Si bien su tonalidad es menos agresiva que la de su antecesora, su rango vocal es más variado y eso daba, claramente, nuevas opciones para que “War Eternal” fuera aceptado y alejara las dudas que siempre traen aparejadas un cambio de vocalista. Alissa White-Gluz  provenía de una banda metalcore, lo que causó mucho ruido en la fanaticada, la cual creía que el real objetivo de Michael Amott era “metalcorizarse” y así entrar a Estados Unidos con más facilidad. Sin embargo, Arch Enemy estaba en un momento de decisiones radicales, pues venía precedido de los fallidos “The Root of All Evil” y “Khaos Legions”, pero, afortunadamente, “War Eternal” trajo consigo pura inspiración y atrapó a los fans desde el inicio. El comienzo es en grande con la sinfónica intro “Tempore Nihil Sanat”, la que parece más propia de un disco Black, pero igualmente nos pone en onda de inmediato y es buen preámbulo para la excelente “Never Forgive, Never Forget”, la cual es un puñetazo de Daniel Erlandsson y su fantástico blast beat. “War Eternal” es más suave, pero tiene su punto fuerte en las guitarras y el trabajado estribillo, mientras que “No More Regrets” destaca la velocidad de Amott con esos riffs neoclásicos y “As the Pages Burn” arrasa, cual  torbellino, con guitarras duras y un Erlandsson al máximo. Cuando se llega a la mitad del álbum se nota un cambio y aparecen incluidos  varios elementos orquestales. “You Will Know My Name” y “Time Is Black” lo hacen evidente. Esto no redefinió el sonido de Arch Enemy, pero si le dio personalidad con esos arreglos y melodías, en los que Alissa White-Gluz estuvo muy involucrada sumándose a esa nueva ola del death melódico más crudo, y que recordaba cómo lo hacían At the Gates, Carcass o Dark Tranquillity. En resumen, es un álbum que refrescó a la banda en un minuto difícil, aunque pecó de un as bajo la manga, pues hay varios temas interesantes pero ninguno se graduó de imprescindible.

Han pasado los años desde el debut de Alissa al frente de Arch Enemy, y toda la batahola que se armó en redes sociales; sin embargo, hoy es una de las dominantes del cada vez más escaso gutural, siendo “War Eternal” el trabajo que la presentó al mundo y que ya se ha transformado en algo digno de su legado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *