“Pablo Honey”: el melancólico abrecaminos hacia la madurez de Radiohead

“Pablo Honey”: el melancólico abrecaminos hacia la madurez de Radiohead

Parlophone / Capitol Records, 1993

Radiohead es una banda aplicada. Nunca dan noticia por escándalos, excesos o adicciones. Su receta ha sido hablar a través del trabajo duro, de no fijarse en lo que no aporta, de no considerar aquello que se aleje del arte. Mientras otros salían en las revistas o generaban prensa por temas de drogas, Radiohead trabajaba en su desarrollo artístico, revisitando las corrientes musicales que los estaban inspirando a inicios de los ‘90, lo  cual, en el futuro, les permitiría ejercer la reinvención a un nivel que pocas bandas han podido ejecutar.

Las carreras musicales de los verdaderos artistas se demoran en llegar a su punto álgido, por eso es que “Pablo Honey” ha quedado siempre relegado en el análisis de los puntos altos de Radiohead. Sin embargo, muchos se esfuerzan por reivindicarlo, porque estableció ideas de base que permitieron refrescar el rock gracias a cortes más melódicos, los que se tomaban de la actitud de R.E.M. y de la sensibilidad de The Smiths.

El disco tiene los ripios típicos de una banda debutante que se dejó llevar por la corriente noventera: algo de pop, distorsión, un poco de grunge y un toque de depresión. Thom Yorke y sus compañeros optaron por mostrarse como un grupo afín a las guitarras prototípicas de esa época del rock alternativo.

Pero “Pablo Honey” tenía un lujo que tirar a la mesa: “Creep”. El tema fue la llave que abrió la puerta para que la prensa y los fans no los vieran como otra agrupación que solo quería probar suerte. “Creep” sobresalía por su impronta de himno, comparable a lo que provocó “Smells Like Teen Spirit”, y fue escrito por Yorke a fines de los ‘80, cuando estudiaba en la Universidad; ya en la era de “OK Computer” dejaba la letra a merced del público, con cara de aburrimiento, porque ya no quería cantarla, pero en los primeros pasos de la banda, fue la canción que les permitió entrevistas, acceder a los ránkings y a cierto respeto, aunque esto opacara al resto de la producción. La temática de Yorke en el disco no refiere al capitalismo ni a la fiebre consumista, típico del momento, sino que elevó sus pensamientos hacia el amor difícil (y empalagoso, a veces). “You” es un buen reflejo de esto, gracias a su romanticismo nostálgico, aura similar a la poco apreciada “I Can’t”. “Thinking About You” es más obsesiva porque había sido creada como un intento punk, pero derivó en balada acústica, y “Stop Whispering” reflota en sus acordes distorsionados, como un tributo a Pixies.

Eran los ’90, y el cinismo y la ironía eran parte del pensamiento indie; es ahí donde cae de cajón la vibrante “Anyone Can Play Guitar” para demostrarlo; desde su título, se ríe del estrellato rockero. “Prove Yourself”  fusiona romanticismo y nihilismo, en una asociación clave para entender la lírica de Yorke. Y “Blow Out”, que arranca como una suerte de bossa nova eléctrica, cierra este debut como una furiosa muestra de noise. En total, son once gemas  tempranas dentro de una gran carrera posterior, aunque la primera mitad resalta como un interesante trabajo que luego desciende hacia un rock que, si bien es sólido para una banda tan joven, palidece demasiado en comparación a lo que vendría después. Como escribió NME, en marzo de 1993, ”se trata de una de las más brillantes esperanzas del rock… uno de esos debuts defectuosos pero satisfactorios, que nos sugiere que el talento de Radiohead florecerá más adelante”.

No es el mejor disco de Radiohead si se analiza a la banda como paquete completo, pero sí es un gran ejemplo para tasar su madurez musical. Con el tiempo,  Radiohead decidió salirse de los terrenos de “Pablo Honey” porque entendieron que no los iban a llevar a nada. Había que tomar riesgos más grandes para convertirse en un referente para las nuevas generaciones.

 

Macarena Polanco

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *