Boris en Chile: Un rito oriental de magia, ruido y caos

Boris en Chile: Un rito oriental de magia, ruido y caos

Fotos: Cristián Belano

De culto; Atsuo, Wata y Takesi brindaron un espectáculo grandioso en su primer concierto en el país. Un sonido abrasivo y envolvente dejó en euforia y completamente enamorados a su fanaticada chilena. Un concierto que se guardará en los almanaques de la historia de los conciertos en Chile.

La presentación inició a eso de las 21.11 horas y desde el primer segundo la instancia se sintió como un encuentro íntimo. El club Chocolate fungió como un verdadero templo cuya ceremonia estuvo a cargo del trío japonés. Atsuo, el enérgico baterista, comenzó el rito con cuatro golpes de gong que estremecieron al recinto; gesto que sirvió de preludio para la interpretación de «Blackout».

Multifacéticos y espontáneos, la música de Boris vibró hasta lo más profundo de los fanáticos presentes. El repertorio se apegó en su mayoría al querido «Pink» (2005), álbum que justamente cumple 20 años y que en la vida de esta banda significó un verdadero parteaguas y reconocimiento transversal como una agrupación vanguardista que estiró los límites del rock como expresión.

Junto a ello, este debut también vino acompañado del cumpleaños de Wata, la guitarrista. Durante el concierto el público le canto cumpleaños feliz e incluso desde la producción le hicieron apagar las velas de una torta. Un bello instante entre el caos psicodélico y stoner de las canciones presentadas.

«Pink» y «Woman on the Screen» fueron momentos de verdadero ímpetu y agitación. La distorsión del bajo y guitarra fue apabullante; un verdadero coloso reforzado por una batería cuyos platillos reverberaban sin cesar. Cuando el shoegaze evolucionaba hacia la euforia la banda realmente se sentía enorme. Fue en las canciones más rápidas cuando el público se desató con furia; «Electric» e «Ibitsu» mostraron lo mejor de la banda en cuanto a energía y lo mismo se podría decir del público. Mosh, saltos, crowdsurfing e incluso stage diving. Fueron varios los fanáticos que decidieron volar desde el escenario hacia la multitud.

Pasajes hipnóticos y ceremoniosos se dieron con «A Bao a Qu» y «The Evil One Wich Sobs», temas que le sumaron una gran profundidad al repertorio. Fueron minutos en que el público ingresó a un trance sin escape. Todos con la vista y oídos clavados en el trío japonés. Los nipones se mostraron seguros con la magia proveniente de sus instrumentos.

A eso de las 22.20 la banda realiza el típico encore antes del final. Solo un par de minutos hasta que los primeros acordes de «Feedbacker» hicieron vibrar al público. Una canción larga, taciturna, repleta de texturas y una espesura que combina shoegaze, doom y stoner. Una mezcla que permitió un trance sin pausas. Los minutos se consumieron hacia el final, a eso de las once de la noche. 

Lo ecléctico de Boris demostró que la música puede convertirse en magia. Las etiquetas de stoner, doom y shoegaze parecieran quedarse cortas para comprender las sensaciones generadas por la música de esta banda. Versatilidad que se sintió ordenada y con un gran poder de ejecución. En ningún momento el sonido flaqueó y la conjunción entre los integrantes fue perfecta. La respuesta del público estuvo a la altura y en ese sentido todos los presentes fueron encantados por la magia de Boris.

 

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Cristopher Andrade

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