Entrevista con Omni Soundlab: «Nuestra intención es empezar a mezclar las sesiones de escucha con el patrimonio y la arquitectura»

Entrevista con Omni Soundlab: «Nuestra intención es empezar a mezclar las sesiones de escucha con el patrimonio y la arquitectura»

Omni Soundlab se ha consolidado en poco tiempo como un espacio clave para la escucha consciente y el audio inmersivo en Santiago. Lo que comenzó a principios de 2024 como un estudio enfocado en mezcla en Dolby Atmos y formación técnica, hoy se traduce en una comunidad activa de miles de personas que asisten mensualmente a sus sesiones de escucha. Esta expansión responde a una necesidad clara: recuperar la atención puesta en el acto de escuchar, en un contexto donde la música suele consumirse de manera fragmentada y con escasa profundidad sensorial. Desde esa premisa, Omni ha desarrollado el concepto de “cine sonoro”, una experiencia que privilegia el cuerpo, el espacio y la percepción total del sonido.

Ese mismo impulso es el que ahora los lleva a salir del estudio y explorar nuevos territorios, cruzando audio inmersivo, patrimonio y arquitectura. La próxima escucha inmersiva de «Tabula Rasa» de Arvo Pärt, que se realizará el 24 de enero en la Basílica de Lourdes, marca un hito en esta búsqueda. Lejos de ser una elección casual, la obra —atravesada por la espiritualidad y la técnica tintinnabuli— dialoga directamente con la historia, la acústica y el simbolismo del espacio, transformando la basílica en un instrumento más dentro de la experiencia. Así, Omni propone una instancia donde la música no solo se escucha, sino que se habita, abriendo nuevas formas de relación entre sonido, arquitectura y escucha colectiva.

Pudimos conversar con Piero Malerba, parte central del equipo de Omni Soundlab, para conocer más al respecto de esta iniciativa.

Omni lleva ya un buen tiempo haciendo escuchas de distintos álbumes en este contexto inmersivo y siento que, de alguna forma, ya es una iniciativa conocida entre gente que gusta de escuchar música con frecuencia. Desde tu mirada, ¿qué tanto sientes que ha crecido Omni y qué tan integrado crees que está el concepto de «escucha inmersiva» al menos aquí en Santiago, que es donde tienen la sala de operaciones?

La verdad es que ha crecido un montón. Nosotros comenzamos con el estudio a principios del 2024; ahí funcionaba prácticamente como un estudio de mezcla en Dolby Atmos. Trabajamos con artistas en este formato inmersivo y seguimos haciéndolo. Teníamos también la parte de la academia donde enseñamos a mezclar en Dolby Atmos a productores, ingenieros y artistas en general.

El concepto de «Sesiones de escucha» se nos ocurrió un tiempo después y partimos en octubre del 2024 haciendo nuestras primeras sesiones. Partimos entre cinco y diez sesiones al mes y hoy día estamos haciendo cerca de 90 a 100 sesiones, donde ya nos consolidamos. Están pasando como 2.000, 2.200 personas todos los meses, entonces la verdad que ha crecido un montón. Hemos crecido nosotros también en nuestra comunidad, en cómo hemos dirigido también la atención a este nuevo concepto de «cine sonoro» y la verdad que ha funcionado. Se generó un espacio que la gente ha agradecido mucho, que tiene que ver con la atención a la escucha, que era algo que se había perdido un poco.

Por los comentarios que quizás les han llegado por parte de auditores, ¿sientes que es una experiencia que hasta el momento se engloba más en lo sensitivo, o también despierta un poco la curiosidad por lo técnico? Más allá de la experiencia de escuchar, sino que también entender un poquito el mecanismo del por qué, por ejemplo, existe tal cantidad de parlantes en la sala, o por qué se posicionan de cierta forma.

Creo que a todos lo engloba un poco lo sensitivo. La gente que le gusta la música encuentra que en esta experiencia la apreciación sonora se eleva mucho, entonces es algo que indudablemente con las frecuencias, las vibraciones, cómo se escucha dentro del estudio, es una experiencia sensitiva para todo el mundo. Es como lo primero que se capta. Y claro, hay un público que ha ido a las sesiones de escucha que es más técnico; artistas, productores, ingenieros, y tienen un poquito más de curiosidad por la técnica y por entender. No sé si es algo que es generalizado, pero sí hay gran parte de ellos que se interesan mucho por la mezcla, por qué suena como suena, cómo funciona el espacio. Nosotros tratamos igual en nuestras comunicaciones de enseñar un poco y profundizar en este tipo de conceptos, porque vemos que para nosotros al menos es muy interesante. De hecho, en la misma página de Omni hace unos cuatro o cinco meses abrimos un blog donde tenemos toda la parte técnica; exploramos desde por qué elegimos Dolby Atmos, Ambisonics, y un montón de cosas que tienen que ver con el audio inmersivo que al final es como la ñoñería para la gente que te interesa. No es algo que creo que consuma todo el mundo como las sesiones de escucha, pero sí para ese público que le interesa profundizar en el aspecto técnico.

En mi adolescencia se volvió muy común el escuchar música con los altavoces de los teléfonos tipo Nokia 5200, que es un método que yo siento realza el volumen de una experiencia, pero no necesariamente te resguarda la calidad de escucha, por lo que se pierden muchos detalles. En las sesiones de Omni se sienten los paneos y la vibración en la sala, entonces es como muy rico el poder sentir todo lo que está pasando en el momento. Siento que estas experiencias se pueden expandir a otros contextos como colegios, liceos, y que los niños sepan que hay otras formas de escuchar la música.

De todas maneras. Uno de nuestros pilares en el estudio es democratizar el acceso a este tipo de experiencias. Hay muchos estudios Atmos en Chile y en el mundo, o sea, cada vez más, pero claro, espacios que abran las puertas para poder escuchar esa música hay muy poco. Nuestra intención es empezar a mezclar las sesiones de escucha con el patrimonio y la arquitectura, para que más gente pueda ir al final a este tipo de experiencias y vivirlas.

En términos de infraestructura, una basílica es un espacio interesante y bello de admirar en cualquier sentido, pero lo siento como un desafío en el aspecto sonoro. ¿Por qué decidieron comenzar con una basílica esta expansión fuera del estudio?

Bueno, la verdad es que fue un cúmulo de cosas. Nosotros estábamos interesados en, como te decía, sacar las experiencias de las sesiones de escucha hacia afuera, y venimos desarrollando un concepto que nosotros ya estrenamos el año pasado en Mutek Festival de Ciudad de México. Nos invitaron a participar como estudio y comenzamos a desarrollar un concepto que se llama «arquitectura sonora», y es el mismo concepto que vamos a presentar ahora en la basílica, donde ocupamos en el fondo la arquitectura y los espacios como si fuera un instrumento más, contemplado un poco en la mezcla espacios grandes que tienen harta revelación, donde hay que hacer un diseño sonoro bien especial y para cada lugar distinto al final, y eso nos fascina mucho, entonces a raíz de una conversación con la municipalidad de Quinta Normal, ellos tienen un programa que se llama Revive Barrios, donde pudimos llegar al punto de poder ocupar un espacio patrimonial y bueno, salió la basílica como una opción. La verdad es que nosotros al tenerla y sentirla fue sin duda un espacio que queríamos que fuera el primero, por la majestuosidad de la arquitectura, los vitrales y todo lo que permitía al final en términos de sonido y en términos de experiencia.

Se empezó a producir y a pensar en el fondo qué podíamos exponer o no, y llegamos a Arvo Pärt y a «Tabula Rasa» por su composición y obra marcada profundamente por la fe y la espiritualidad, y la curatoría igual se achicaba bastante a lo que podíamos exhibir o no en la basílica.

¿Les dieron una especie de línea editorial desde la basílica?

Hay una línea editorial sin duda. Jamás la basílica ha abierto las puertas para hacer un evento cultural de esta magnitud que en el fondo es una propuesta artística. En la basílica se hacen casamientos, misas, pero todo lo que tenga que ver con la iglesia per se. Entonces, claro, a la hora de abrir sus puertas hubo harto resquemor y la curaduría de lo que nosotros presentáramos tenía que ir en algún lineamiento con la basílica y con la iglesia.

Eso lo manejan los padres y hay toda una parte como «iglesia fija» que en el fondo no permitiría que pusieran, no sé, en la primera sesión quizás Pink Floyd o electrónica. Había que tener un lineamiento ahí con la misma basílica, lo que nos parece a nosotros espectacular, porque igual ya presentamos a Arvo Pärt y «Tabula Rasa» en el estudio y es una obra maravillosa con la que nosotros igualmente ya teníamos cercanía.

También para ir profundizando un poco más en la obra en sí, la basílica tiene un campanario y Arvo Pärt compuso «Tabula Rasa» a mediados del año 70. Consiste en una técnica que se llama tintinnabuli, que se basa siempre en dos voces; hay una voz melódica y una voz que en la melodía, más los agudos, que avanza paso a paso con una escala lineal donde va jugando para arriba y para abajo casi como un canto, y una voz que es la voz tintinabuli, que es la voz grave en el fondo, que va pasando por acordes, por triadas y va sosteniendo un poco esta melodía. Entonce, ahí él hace la relación donde la voz grave va pasando por triadas y hace la armonía, que es la deidad, Dios, y la voz melódica, el humano que va jugando un poco más y se va sosteniendo por esta voz grave. Y es a raíz del movimiento de las campanas y de cómo se interactúa en ese sonido que él encontró esta forma de componer.

Al tener un campanario en la basílica, nos pareció al final que se relacionaba muy bien a lo que queríamos expresar, o en términos de curatoría artística.

¿Cómo van a controlar el factor de la reverberancia, en un espacio como la basílica? Las iglesias y espacios así se conocen por ser difíciles de manejar respecto al sonido.

Va a ser una experiencia distinta a lo que nosotros hacemos en las sesiones de escucha del estudio, que es un lugar seco, o sea, está hecho para que los sonidos viajen y salgan de distintos parlantes. Y por las dimensiones del espacio no nos permite tener tanta definición, ni tantos puntos distintos de dónde salgan los sonidos. Entonces pasa una mezcla un poquito más uniforme, que va a tener cierto carácter en el fondo, donde los sonidos igual van a tener un movimiento, pero vamos a jugar más desde la mezcla para que sea una experiencia inmersiva.

Al final, como tú dices, la reverberación juega un papel fundamental y hace que finalmente uno sienta que prácticamente los sonidos salen como por las paredes. Hay una disposición de parlantes que nos va a permitir que la experiencia se sienta desde todos lados al final. Con la disposición y con la mezcla al final podemos aprovechar la reverberancia del lugar para que la experiencia se escuche definida y se escuche potente.

 

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Javier Bravo

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