Los mejores conciertos internacionales de la década (2010-2019)

Los mejores conciertos internacionales de la década (2010-2019)

Otra década está por partir, y esta ha sido por lejos la más abultada a lo que visitas internacionales se refiere; de eso no cabe duda. Chile se afirmó con creces como una plaza fija en la región para recibir conciertos, tras Brasil y Argentina. Llegaron aquí de incontables estilos y nacionalidades; algunos nombres que antes apenas soñábamos de lejos, ingenuos, en la actualidad es frecuente darles la bienvenida una y otra vez —varios de ellos, de hecho, inmortalizándonos dentro de sus propios lanzamientos. Es debido a esa razón, que en Nación Rock nos hemos propuesto hacer un conteo en orden cronológico de lo más selecto del periodo 2010-19.

 

Metallica: 26 de enero de 2010, Club Hípico. Fue el primer concierto a gran escala de la década, de la mano de un peso pesado que demoró en regresar. Y qué mejor que la excusa fuese la promoción de Death Magnetic (2008), que los enrumbó a su sonido habitual. Se abarrotó el reducto de emergencia de alta convocatoria, mientras el Estadio Nacional era remodelado, para ver otra vez a James Hetfield y compañía. Se erizaron los pelos con la introducción de The Ecstasy of Gold, que dio paso a una demoledora exhibición. El resto fueron gajes del oficio; fuegos artificiales en One, como el comentado puente entre Nothing Else Matters y Enter Sandman. Poco después compartieron, vía descarga, el audio sacado de la mesa de sonido; bajo el rótulo de Santiago Magnetic —costumbre que hizo patente Metallica en muchas paradas aquel tour.

 

Rage Against the Machine: 11 de octubre de 2010, Estadio Bicentenario. Devastador y al borde de lo bélico —como lo vaticinó el afiche, con aquello de The Battle of Santiago. Luego de Suicidal Tendencies y The Mars Volta, la enorme cancha del estadio se desbordó enfervorizada y sedienta de rock. Sin respetar los límites del VIP, se burló la sectorización y el prejuicio elitista. Marcado a fuego el increíble momento de Testify, o los emotivos encuentros con la cultura de nuestro país —en la dedicatoria a Víctor Jara con Canción del minero, o el homenaje a Roberto Bolaño en la denunciante Freedom. Eso sin contar el maravilloso cierre encargado a Killing in the Name. Postales que jamás hemos olvidado, de una banda fundamental que siempre estuvimos esperando.

 

Rush: 17 de octubre de 2010, Estadio Nacional. La leyenda del rock progresivo saldó una deuda histórica, que nos tuvo en vilo por más años de los que podemos recordar. Geddy Lee, Alex Lifeson y Neil Peart desembarcaron para remate con un show de antología: el Time Machine Tour, cuya segunda parte del espectáculo se trató de la ejecución completa de su aclamado Moving Pictures (1981) —el inmortal dentro de su catálogo. La confirmación del desmantelamiento de la banda, en 2018, no hizo más que volver especial esta única cita que hubo en suelo nacional —que bordeó las tres horas de duración, y que hasta tuvo palabras de elogio para el rescate de los 33 mineros de la Región de Atacama; efectuado un par de días antes.

 

Sting: 25 de febrero de 2011, Quinta Vergara. Primer Festival de Viña televisado por Chilevisión; y el número anglo de aquella vez fue un viejo conocido, que retornó después de casi tres décadas al certamen viñamarino: el otrora líder de The Police. Promocionando Symphonicities (2010), acompañado ni más ni menos que de la Orquesta Sinfónica de Chile, le dio vida al repertorio de su antigua banda y carrera solista; en un show de primer nivel que para el bis contó con una versión solitaria, sólo con guitarra acústica, de Message in a Bottle. Punto aparte fue que, justo después siguiendo la transmisión, ocurrió un momento neo clásico de la televisión chilena que llegó al paroxismo: la fallida rutina del humorista Ricardo Meruane —con apenas veinte minutos en pantalla, antes de ser sacado por el descontento del público.

 

Motörhead: 9 de abril de 2011, Teatro Caupolican. Gira promocional del disco The Wörld Is Yours (2010), que coincidió con un violento segundo aire de masividad de Lemmy; gracias al documental 49% Motherfucker, 51% Son of a Bitch, consiguiendo que las entradas durasen poco a la venta. Aquello llegó a oídos de la misma banda, que decidió para la ocasión grabar el concierto para un futuro lanzamiento —puesto en estanterías a fines de ese año, en audio y video, bajo el nombre The Wörld Is Ours Vol. 1. Dirigido por el destacado documentalista canadiense Sam Dunn, quien antes de empezar salió al escenario para contarnos que las cámaras estaban listas. Fue la última vez que vimos a Lemmy en óptima forma, antes que decayera su salud —falleciendo a fines de 2015.

 

Accept: 13 de mayo de 2011, Club Cadillac. Los alemanes volvían a la actividad, luego de un hiato que abarcó más de una década —descontando la efímera reunión con Udo en 2005. Se armaron de la mejor manera posible, con la adición del vocalista estadounidense Mike Tornillo, y despacharon uno de los mejores trabajos de la temporada: Blood of the Nations (2010). Esa nueva encarnación fue la que hizo debut en un humilde recinto del centro de la capital —conocido luego como Kmasú Premiere. Y para sorpresa de la banda, lo que se encontraron fue una genuina olla a presión que les voló la cabeza. Mucho tuvo que ver para que decidieran, un par de años después, grabar un concierto dado en el Teatro Caupolican; que figuró como bonus DVD del siguiente disco de estudio —Blind Rage (2014).

 

John Fogerty: 15 de mayo de 2011, Movistar Arena. Históricamente la región ha sido presa de Doug Clifford y Stu Cook, con el refrito Creedence Clearwater Revisited —agotadísimo para esta época, invariable desde 1995. Lo que faltaba era la llegada del principal artífice de quienes fueron una institución a fines de los 60’s: el mismísimo John Fogerty. Con camisa de franela y guitarra al hombro, la verdadera voz le hizo justicia al legado de la banda original. 25 canciones que se hicieron pocas, amenizadas con alguna anécdota sobre Woodstock. Ni siquiera tuvo que echar mano de su sobria carrera solista, con la excepción de un par; uno siendo el clásico Rockin’ All Over the World —que Status Quo hizo casi suyo.

 

Roger Waters: 2 y 3 de marzo de 2012, Estadio Nacional. Algo tan magnánimo que el principal recinto del país quedó chico, debiendo agendarse una segunda función para el día siguiente. Porque eso fue lo que desató Roger Waters, al momento de anunciar el segmento sudamericano de la gira conmemorativa de The Wall (1979). Una obra cumbre dentro de la carrera de Pink Floyd, tratándose este disco conceptual el más grande legado del bajista. Y junto con esas 26 canciones, sin que faltase ninguna, hubo un despliegue único de aparataje; que incluyó el muro de ladrillos —que sirvió como telón de alta definición para proyectar imágenes, las marionetas gigantes de la película homónima, el cerdo inflable, pirotecnia y un sonido cuadrafónico que envolvió a todo el estadio.

 

Anthrax: 10 de mayo de 2013, Teatro Caupolican. Habiendo dejado atrás Worship Music (2011), se dedicaron a girar sin compromiso pasándolo bien. Fue este su primer concierto en el país no enmarcado dentro de un festival —pero sí acompañados por Testament, quienes dejaron las pulsaciones en alto. Este es el mejor ejemplo de algo al rojo vivo, una verdadera brutalidad thrash; que nada más abriendo, tuvo la primera mitad del incombustible Among the Living (1987). Era algo que no se podía dejar pasar, y eso mismo lo supo Anthrax de antemano; grabándolo para la posteridad, en lo que fue la publicación del CD/DVD Chile on Hell (2014) —las bengalas y mosh a la orden del día. Una visceralidad de cinco estrellas.

 

Bruce Springsteen and the E Street Band: 12 de septiembre de 2013. No hubo pantalla gigante, ni efectos especiales; sólo mucha música, y de esa que ha hecho historia en voz de un cantautor tan conocido como Bob Dylan. Con un show redondo, sólido y por sobre tres horas; dando una clase soberbia de rock and roll. Desde We Take Care of Our Own, hasta el cierre acústico con This Hard Land; Bruce se paseó por todos sus estilos gracias a clásicos inmortales —como así los de su reciente Wrecking Ball (2012), que refrendaron la leyenda de un inmenso músico. Se lanzó a cantar en la cancha, se perdió entre la multitud y se dejó llevar en alto para volver al escenario. Un momento alto vino del homenaje que hizo a Víctor Jara, con una sensacional versión de Manifiesto.

 


Iron Maiden: 2 de octubre de 2013, Estadio Nacional. Pese a que en 2011, en ese mismo recinto, filmaron el concierto que se materializó en el lanzamiento de En Vivo! (2012); tiempo después regresaron con una verdadera aplanadora que fue el Maiden England Tour —el cual rememoró Seventh Son of a Seventh Son (1988). Una remembranza de grandes éxitos, de los cuales algunos no se habían visto en más de veinte años. Sin contar que trajeron a dos notables números de apertura: Ghost que, por aquel entonces, disfrutaba como la última sensación del metal europeo gracias a Infestissumam (2013). Y también Slayer, que venía saliendo de la sensible muerte de Jeff Hanneman.

 

Black Sabbath: 4 de octubre de 2013, Estadio Monumental. Contando por primera vez, a nivel local, con la dupla de Ozzy Osbourne y Tony Iommi —hasta antes de ello, sólo vistos por separado. Los padres del heavy metal llevaban un tiempo de reuniones intermitentes, pero esta vez se lo tomaron en serio; despachando el contundente 13 (2013), el cual los trajo por estas latitudes. Ozzy balbuceando algunas cosas, tras escenario antes de comenzar, ya tenía a todos comiendo de su mano. Que sonasen las sirenas, subiéndose el telón, junto a las primeras notas de War Pigs fue una inyección brutal de adrenalina; que se reflejó en las múltiples bengalas repartidas por la cancha. Sin contar que antes, Megadeth como telonero dejó sin respiro —necesitando apenas cincuenta minutos.

 

Soundgarden: 30 de marzo de 2014, Parque O’Higgins. Qué gran combo: reunión, nuevo disco —King Animal (2012), y un concierto como cabeza de cartel en Lollapalooza —que conmemoró los veinte años del indispensable Superunknown (1994). Un referente de la movida de Seattle, incluso antes que Nirvana; porque luego de tres pasos previos de Chris Cornell —fallecido en 2017, fue el turno en el formato que lo hizo famoso: Soundgarden. Con la ausencia de Matt Cameron en la batería, reemplazado por Matt Chamberlein, dieron una soberbia dosis de estridencia y rock del más crudo; con un interminable mar de gente al frente. Ben Shepherd en el bajo como poseído por el mismo demonio, y Kim Thayil que reventó su guitarra.

 

Paul McCartney: 21 y 22 de abril de 2014, Movistar Arena. Todavía estaban frescos los ánimos por la visita de 2011; y regresó para clavar no uno, sino dos conciertos en el recinto dentro de Parque O’Higgins. Porque no todos los días se ve a un ex-Fab Four, mucho menos en la comodidad de una arena techada —unas cuatro veces más pequeña que el Estadio Nacional, el sitio fijo de McCartney. Se dio el lujo, además, de no entregar un show calcado al otro; variando cada uno y empinándolos en casi cuarenta canciones —cronometrando poco menos de tres horas por noche. Tuvo una pequeña cuota de su reciente producción New (2013); pero por supuesto el grueso lo basó en The Beatles, secundado por la etapa de Wings.

 

Jack White / Robert Plant: 16 de marzo de 2015, Teatro Caupolican. Para no creer que se tratase de un sideshow de aquel Lollapalooza, o que tomase por locación un recinto tan reducido para el tamaño de ese par de nombres: la otrora voz de The White Stripes presentando Lazaretto (2014), y la otrora voz de Led Zeppelin —presentando Lullaby and… The Ceaseless Roar (2014). Para partir el inglés inclinó su repertorio hacia su banda mater; para cerrar el estadounidense paseándose, sumado a ello, por el material de su otro proyecto estrella: The Raconteurs. Haberlos tenido juntos un día antes, en medio de un festival, fue un gran hito; tenerlos además en la individual fue aún mayor.

 

Faith No More / System of a Down: 27 de septiembre de 2015, Hangares Suricato. Un enorme festival que se materializó gracias al Rock in Rio, donde destacaron dos números por sobre el resto. Faith No More, que en definitiva no estuvo mucho tiempo muerto —dejando atrás el supuesto último concierto en el Estadio Bicentenario; y el espectáculo del Maquinaria 2011, despachado completo el imprescindible King for a Day (1995). Renovados con una nueva entrega bajo el brazo, Sol Invictus (2015), terminando casi dos décadas de sequía discográfica. Y por supuesto que el otro pez grande fue System of a Down, con un set lleno de potencia de principio a fin. Una cantidad de canciones aplastantes; como el brutal final, con un inmenso mosh desatado, en Toxicity y Sugar.

 

David Gilmour: 20 diciembre de 2015, Estadio Nacional. Salió de su ostracismo de casi diez años, con Rattle That Lock (2015); pretexto ideal para verlo de nuevo bajo los reflectores, y como nunca antes con tanto impulso alcanzándole para llegar a la lejana Sudamérica. Apoyado de la pantalla gigante circular, a sus espaldas, Gilmour y su guitarra tocaron la fibra sensible como muy pocos pueden; el alma de Pink Floyd a sus anchas llenando el vacío, que hasta entonces sólo había sido cubierto por su antiguo compañero Roger Waters. Valiéndose de su periodo en la banda del cerdo volador, incluyendo cuando él la capitaneó, a la par de sus dos últimas facturas solistas —aquel On an Island (2006) que merecíamos haber visto y no pudimos.

 

Tame Impala: 19 de marzo de 2016, Parque O’Higgins. La tarde apropiada para un concierto de ensueño y lisérgico. Kevin Parker, en voz y guitarra, no se molestó en disimular el pito que fumó antes de subir al escenario; para entregarnos un viaje musical, potenciado por las canciones de su hace poco salido Currents (2015). Con un fondo espectacular de un círculo de colores, los australianos arrancaron un show que dejó claro por qué eran uno de los números fuertes del festival. Let It Happen en la entrada, y el delirio se desató. Parker elogió el paisaje y las montañas de fondo, admiró el gran momento que vivía y se sentía muy bien, como muchos de los que allí estuvieron. La efervescencia volátil llena de sintetizadores delirantes por lo demás sonó de maravillas, cuando caía la tarde por ejemplo al tocar Elephant.

 

Rammstein: 3 de septiembre de 2016, Estadio Santa Laura. La implacable ingeniería industrial alemana al servicio de los riffs, la teatralidad y la pirotecnia. Número de peso en Rockout, que contó con los suficientes créditos para dar una cátedra: bizarras situaciones, grotescos sketchs; Till Lindemann convertido en ángel, las bolas de fuego y un sonido espectacular dejó alucinado al estadio. Una cancha repletísima coreando los clásicos al ritmo de un espectáculo absolutamente entretenido, y contundente desde lo visual. No era sólo eso; las interpretaciones en conjunto a un mecanismo coreográfico muy ensayado, dejó claro que la disciplina también estaba al servicio del metal industrial de los maestros del shock teutones. Nota aparte fue la presentación de Vinnie Paul con Hellyeah, el otrora baterista de Pantera —fallecido en 2018.

 

Guns N’ Roses / The Who: 29 de septiembre de 2017, Estadio Monumental. Axl Rose y Slash hicieron las paces, sin dudas fue la reunión de la década; de paso paralizaron al planeta con una gira que tuvo dos recaladas sudamericanas —que no dejaron esperarse. La última de ellas, en Chile, fue como cabeza de cartel del festival Stgo Rock City; donde no se hicieron problema para clavar un set que duró tres horas y media —en que tocaron todo lo que uno pudiese desear, y más. Si eso llegase a ser poco; antes de ellos estuvieron, por 90 minutos sobre el escenario, The Who en persona: la primera visita de Roger Daltrey y Pete Townshend. Otra eterna promesa de debut en tablas criollas, con los hombres de My Generation anteriormente habiendo sido negociados sin éxito —más veces de las que quisiéramos.

 

Pearl Jam: 13 de marzo de 2018, Movistar Arena. Archivado en carpeta Lightning Bolt (2013), se cansaron de llenar estadios; y en vísperas de su segundo Lollapalooza local, agendaron un sideshow para calentar el ambiente. Fue un furor descontrolado, que llenó por primera vez hasta los asientos detrás del escenario del Movistar; sobre-vendiéndolo hasta las 17.000 personas —siendo con holgura, hasta la fecha, el más concurrido del lugar. Decir que la cita estuvo a la altura de la circunstancia, es decir poco; tres horas que llegaron a las treinta canciones —Dissident como la joya debutante en el país. Eddie Vedder como siempre un gran maestro de ceremonias, ameno con diálogos en español; hasta piscola pidió.

 

Europe: 27 de septiembre de 2019, Movistar Arena. Unos que se ven de manera frecuente, desde que decidieron volver aquí una década atrás. A pesar de su gran calidad, los directos comenzaron a caer en la zona de confort sin mostrar demasiado. Promocionando su placa Walk the Earth (2017) —que tuvo un anterior paso por el Festival de Viña 2018, y un show en el Gran Arena Monticello; Santiago fue el epicentro de aquel segundo segmento sudamericano. Y en contraparte, para esa oportunidad tiraron toda la carne a la parrilla; metiendo con fuerza el pie en el acelerador, como no se les veía desde hace diez años. Le dieron más espacio de lo usual al material primigenio, orientado al heavy metal, junto con rarezas del calibre de Prisoners in Paradise; recuperando el hambre escandinava.

 

King Crimson: 12 y 13 de octubre de 2019, Movistar Arena. Fueron cerca de tres horas por cada jornada, donde dieron clase magistral de cómo ejecutar los instrumentos en coordinación, rozando la perfección. La música era lo primordial en los cinco sentidos, nada de luces vertiginosas o cualquier tipo de parafernalia; sólo estaban ellos en para decir “Véannos y escúchennos sin distracción alguna”. Una banda poco común en vivo, y que cada canción transporta a un mundo diferente de atmósferas; que calzó con el 50° aniversario de su debut discográfico. Si hablamos estrictamente de un concierto donde se prioriza lo musical, lo de King Crimson es la mayor manifestación en vivo que ha pasado en mucho tiempo.

 

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